Desgraciadamente, no puedes hacer gran cosa para que tu bebé camine antes de que esté listo para hacerlo. Aunque estés cansada de cargarlo, es mejor no apresurarlo a que camine porque el que pueda pararse, moverse agarrado a los muebles y caminar, depende tanto de su desarrollo muscular y de su coordinación como de la confianza de tu hijo en sí mismo y en lo motivado que se sienta a desplazarse.

De hecho, si le apresuras para que alcance esta etapa de desarrollo y él siente tu desaprobación o impaciencia, puedes producir el efecto contrario y hacer que vaya más despacio.

Recuerda también que hay una gran variedad de edades a las que los niños aprenden a caminar. Aunque la mayoría de los bebés se paran y se mueven entre los muebles antes de cumplir el año y muchos ya caminan para cuando cumplen 12 meses, otros puede que no den su primer paso hasta muchos meses después de su primer cumpleaños.

Es más, después de que tu hijo comience a caminar, pasará todavía un tiempo hasta que puedas dejar de cargarlo. Aunque los adultos piensan en caminar como una forma de ir de un punto a otro, los niños pequeños ven su recién adquirida movilidad de forma diferente. Durante los primeros meses en los que un niño camina, su objetivo no es ir hacia algún lugar caminando a tu lado.

A tu hijo lo que le gusta es moverse de un lado a otro alrededor de un adulto especial, sin dirigirse hacia un lugar determinado. Notarás que tu niño camina más cuando tú estás sentada. De esta forma puede ir y venir a su voluntad, lo cual es mucho más difícil si tú te estás moviendo. De hecho, cuando tú te paras y comienzas a moverte, verás que inmediatamente se sienta en el suelo y eleva sus brazos para que lo lleves. Caminar contigo es algo que llega mucho después en el mapa mental de un niño pequeño.

Si todavía te quedan varios meses de llevarlo en brazos, tiene sentido pensar en otras formas de aligerar tu carga. Una carriola (cochecito) o sillita de paseo ligera con una tira para llevarla cargada al hombro, por ejemplo, es algo que merece la pena añadir a la carriola de uso normal que ya tengas.

Escoge una muy simple, sin cubierta para la lluvia, soporte para bebidas o cesta de la compra y guárdala en tu auto o junto a la puerta de tu casa para usarla en cuanto la necesites. Para poder cargarlo en la casa sin cansarte demasiado, puedes probar una mochila de cadera, que te permite cargar al niño de lado y mantenerlo apoyado en tu cadera para distribuir más el peso.

Si vas a salir y no quieres llevarte la carriola, una mochila en la espalda tiene la ventaja de que el bebé va encaramado en su lugar favorito y a ti te deja libres los brazos. Si vas a comprar una mochila, busca el tipo que tiene armazón y se para sola, una opción que hace que sea mucho más fácil y seguro meter y sacar a tu bebé. Si ya tienes una mochila y no la usas mucho porque te resulta complicado ponerla y quitarla, practica un poco con tu compañero hasta que te sea más fácil.

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