La isla de Santo Domingo era en el siglo XVII un enclave español tragado por la miseria, y su vida estaba plagada de precariedades y penurias. De esa inopia aún quedan vestigios, expresados en la exclusión social, la pobreza, la desigualdad y la injusticia.
Ese fue uno de los principales hallazgos hechos por los historiadores que participaron en el XII Congreso Dominicano de Historia, organizado por la Academia Dominicana de la Historia y el Museo Nacional de Historia y Geografía.
El evento, clausurado ayer, llevó por título “El Caribe en el siglo XVII: economía, política y sociedad”. Estuvo dedicado a Vilma Benzo de Ferrer y en él participaron académicos nacionales y extranjeros, así como unos 200 amantes de la historia.
En la ocasión, además, fueron reconocidos los historiadores José Chez Checo y Héctor Luis Polanco, por sus aportes académicos y por su dedicación al estudio de la historia dominicana.
Según Adriano Miguel Tejada, secretario de la Academia Dominicana de la Historia, las ponencias serán publicadas por esa institución.
No solo eso: Tejada también apreció la calidad de las conferencias y la entusiasta participación de los expositores y del público.
Eso demuestra que el interés por la historiografía ha crecido en el país, si se compara este congreso con los anteriores, expresó Tejada.
Ponencias. En su conferencia de clausura, Amadeo Julián hizo una profunda radiografía del siglo XVII, y disecó la vida colonial de Santo Domingo en términos económicos, sociales, políticos y culturales.
Ese siglo fue una maraña de hechos: hambruna, catástrofes naturales y sociales, epidemias, devastaciones y desolación.
Las despoblaciones del gobernador Antonio de Osorio arrasaron pueblos de la parte Norte y Noroeste, y sus habitantes fundaron Bayaguana y Monte Plata.
La población, diezmada por la hambruna y las enfermedades, vegetaba a expensas del “situado” que era enviado desde México.
Por esa razón los habitantes se dedicaban al contrabando con piratas y corsarios.
La miseria era tan espantosa, que no había harina para elaborar la hostia, y las misas eran celebradas en horas nocturnas para que no se notara la vestimenta que usaban los feligreses.
Ese dato aparece ampliamente desarrollado en un libro de Frank Peña Pérez, titulado “Cien años de miseria en Santo Domingo, 1600-1700”.
Otro detalle que demuestra la inopia colonial, es que las negras se dedicaban a la prostitución, lo que provocaba que algunos esclavos les robaran a sus amos para satisfacer sus apetitos carnales.

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