En la primera etapa de la televisión dominicana había que pensar en blanco y negro, pues el color en las transmisiones era algo que se veía lejano y remoto. La gente, en los hogares, para ver la pantalla diferente la cubría con papel celofán del que se usa para envolver  los regalos de juegos de vasos el Día de las Madres.

ESE INDIO ERA UN FASTIDIO...

Pero para sacar una buena tonalidad cromática en blanco y negro había que tener conocimientos y experiencia, pues obtener el gris intermedio era el detalle más apreciado, que marcaba la diferencia, igual a como sucede con la fotografía. Con un balance entre blanco, negro, y el gris de por medio, las tonalidades que se consiguen enriquecen el objetivo, y por ello la ropa que se usaba en los rudimentarios sets de aquellos años desempeñaba un rol esencial.

A las primeras cámaras RCA con lente orticón, que hoy son piezas de museo, no podía uno presentarle ropa blanca, porque las desajustaba. No hay que olvidar que el blanco es el color que se usa para ajustar y sincronizar  “el iris” en las cámaras de televisión.

Cuando en un programa se aparecía un invitado vestido de blanco, era un verdadero problema mantener el patrón de ajuste del equipo, pues generalmente producía un barrido de imagen y como se decía “’ponía el lente loco”’.

ESTUDIOS DE RADIONOVELAS
DE LA VOZ DOMINICANA

Por  ello era esencial que se le advirtiera a los invitados de los programas de televisión que no fueran vestidos de blanco.

Naturalmente, en los años 50 y 60 no era cualquiera que aparecía en la televisión, pues no existían los llamados programas de panel donde hoy día entrevistan hasta a “la gata de Cuncuna”,  como si fuera una gran pieza.

Aparecer en televisión era un acontecimiento, y al que le tocaba esa dicha,  aunque fuera por segundos, hacía una fiesta. Cuando eso sucedía, que el afortunado llegaba a su barrio, se escuchaban gritos de: “Mírenlo ahí!. Ese fue el que salió en televisión!.

Eso era así, no crean que estoy relajando.

CUIDADO CON PONERLE
LA MANO AL RADIO…

Figúrense, había  un solo canal, hasta que apareció en el 59 Rahintel. Ya se pueden imaginar  lo exclusivo que aquello era.

La programación abarcaba solo algunas horas, y en la misma se incluían producciones extranjeras, como el noticiario El Mundo al Día, con un bumper de un globo  terráqueo dando vuelta y la cortinilla sonora de un clásico tecleando una maquinilla. La computadora era un invento futurista que solo se veía en las películas del espacio y de ciencia ficción.

Pero también estaba el Show de Loreta Young, con sus ojazos grandotes, el Kinescopio Mexicano que era una especie de resúmen de farándula, y naturalmente, la Sesión de Cine, con  aquellos soporíferos “clavos”, aunque a veces daban algunas de “detectives”, muy buenas. Recuerdo que la muchachada acuñó la expresión de “el detective” para todos los protagonistas de las películas, aunque fueran de vaqueros.

Nada más que ver, en una época en que tener un receptor de televisión era un lujo, aún fuera en blanco y negro, hasta que a la Curacao  con sede en el Conde se le ocurrió democratizar los créditos , para dar los aparatos a plazos. No existían como hoy día las distribuidoras de electrodomésticos representantes de marcas exclusivas. El que deseaba comprar un televisor, una estufa o una nevera tenía que ir a la Curacao Trading Company por un Phillips, un Sony o RCA, pues las tenía todas.

SIN UNA DE ESTAS, NO HABIA FIESTA EN LA CASA
NI “QUEME” BAILANDO BOLEROS.

Los mejores eran unos radios Phillips, marca holandesa, que tenían dos bandas (AM y Onda Corta), no traían FM porque en esos tiempos no  era una frecuencia comercial.

Para saber si estaban bien sintonizados  era necesario mirar el ‘’ojo mágico’’ que en esos tiempos traían los receptores, el cual cambiaba de intensidad y tonalidad a medida que se captaba en el dial la frecuencia exacta de la emisora deseada. Para escuchar bien las de onda corta, había que construir una antena “T” de alambre en el techo de la casa.

(Aprendí a hacerlas, y luego en la revolución del 65, usaba una para disfrazar la emisora clandestina que operábamos poniendo música para el barrio desde la casa, historia que les narré en una ocasión pasada, cuando les hablé de que teníamos nuestra propia estación radial)

Los mejores eran unos radios Phillips, marca holandesa, que tenían dos bandas (AM y Onda Corta), no traían FM porque en esos tiempos no  era una frecuencia comercial. Para saber si estaban bien sintonizados  era necesario mirar el ‘’ojo mágico’’ que en esos tiempos traían los receptores, el cual cambiaba de intensidad y tonalidad a medida que se captaba en el dial la frecuencia exacta de la emisora deseada.

Para escuchar bien las de onda corta, había que construir una antena “T” de alambre en el techo de la casa. (Aprendí a hacerlas, y luego en la revolución del 65, usaba una para disfrazar la emisora clandestina que operábamos poniendo música para el barrio desde la casa, historia que les narré en una ocasión pasada, cuando les hablé de que teníamos nuestra propia estación radial)

¡Qué  chulería! esos radio de antes, a los cuales en la casas se les hacía un cover de tela a la medida de su tamaño, porque  según decían los viejos, las cosas “había que cuidarlas, para evitar que se dañaran”, pues se adquirían haciendo muchos sacrificios. Así que “cuidado con ir a ponerle la mano sucia al radio!. !Vaya a lavarse las manos, y tenga cuidado con ese chuflai y ese gofio, que le cae al radio, buen pendejo, que usted aquí no compra nada!”….Si, porque había a veces que coger su boche para escuchar la novela de Cazán el Cazador, amo de la selva.

Cuántos juegos de pelota…novelas de Los Tres Villalobos, El Suceso de Hoy,  Romance Campesino con Macario y Felipa, don Poli con las Cosas al Día de Fabián Damirón, El Madrugador, Cuentos de Edgar Allan Poe, el programa de Charlie Charlie, Amalgama de Colores, “tribuna libre, abierta a toda manifestación deportiva”, con Max Reynoso y sus poemas de El Tigre de Bengala, o los musicales de Radhames Aracena, antes de que lanzara Radio Guarachita, con su antena polidireccional de 360 grados.

Cuánto veneno a través de Radio Caribe,  “La Voz Antillana que daba la vuelta al mundo”, con sus transmisores de 50 kilos de potencia, con programas donde se insultaba al presidente de Venezuela Rómulo Betancourt llamándole “’la rata de Miraflores”, y se le decía cornudos y pájaros a José Figueres de Costa Risa y a Luis Muñoz Marín de Puerto Rico, gobernantes  vecinos declarados enemigos de Trujillo.

ME CUENTA RADHY MIRANDA, QUE EN LA CALLE EL CONDE
HABIAN MATAS DE PINO DE ADORNO DE  LADO Y LADO…

Mi niñez  en  aquellos aquellos años fue marcada por programas como “Aquí Impacto” de Radio Caribe, y las intervenciones de Santiago Lamela Geler, que fue uno de los productores y editorialista en el staff de la potente estación que el regimen de Trujillo articuló con fines políticos, para llegar con su señal a las demás naciones del hemisferio, donde en modo alguno podía quedar fuera el incipiente régimen de Fidel Castro en Cuba, quien desde que subió al poder lo primero que hizo  fue apoyar la invasión de Constanza, Maimón y Estero Hondo para derrocar la dictadura de Trujillo. Y aquellos merengues de “Fidel Castro ha hecho de Cuba una carnicería, y la virgencita del cobre llora noche y día”, sin contar los temas anticastristas de Selina y Reutilio.

Imaginense la guerra radial  que había en aquellos tiempos. Tan cerrada, que aquí los calieses perseguían y apresaban al que encontraban oyendo en su casa emisoras  de onda corta. Suponían que estaban escuchando a los enemigos de Trujillo, que a través de la radio, desde Cuba, Puerto Rico y Venezuela, denunciaban el régimen.

Aquello era monstruoso y confuso, pues la dictadura no admitía deslices.

Por suerte existía HIZ con sus radionovelas de romance o de acción al caer la tarde, patrocinadas por Jabón Camay Rosado, Brillantina Paramí, Jabón Palmovile, Pasta Dental Colgate, (que el mal aliento combate), la Emulsión de Scott, el Complejo Vegetal de la Señora Muller, y el Talco Amechazurra de Plagieri.

Leave a Reply