El santuario erigido en el Bajo Manhattan, donde los trabajadores se afanan por instalar mármol griego translúcido a tiempo para la iluminación ceremonial del templo el 10 de septiembre, se parece poco a la modesta parroquia que John Katsimatides descubrió hace años.

Con frecuencia visitaba la vieja Iglesia Ortodoxa Griega de San Nicolás para rezar y encender velas cuando iba a trabajar en el piso 104 de una de las Torres Gemelas.

“Le alegraba mucho que hubiese una iglesia griega justo al frente del sitio donde trabajaba”, relató su hermana, Anthoula Katsimatides. “San Nicolás era un sitio muy especial para él”.

Su hermano, un corredor de la bolsa de 31 años que trabajaba para la firma Cantor Fitzgerald, fue una de las casi 3.000 personas fallecidas cuando dos aviones se estrellaron contra las torres el 9 de septiembre del 2001.

La iglesia fue destruida por los escombros que caían de los edificios. Fue el único templo religioso destruido en el ataque.

Veinte años después, se sigue trabajando en su reconstrucción y la iglesia es una especie de símbolo de lo que aún no se ha hecho en la zona cero.

Si bien el sector está totalmente renovado e incluye una plaza con dos gigantescas fuentes que recuerdan a las víctimas del atentado en los sitios que ocupaban las torres, no se han completado la iglesia, dos rascacielos —incluido uno llamado a ser el segundo edificio más alto de la ciudad— y un centro cultural.

El sector, no obstante, está lleno de vida. Se completó una nueva torre en el 2014, que es el edificio más alto de Nueva York, y hay desde hace años un Museo y el Monumento a las Víctimas del ataque (las fuentes). En el 2016 fueron inaugurados una enorme estación de trenes y un centro comercial. También surgieron tres nuevos rascacielos en reemplazo de otros edificios destruidos en el ataque.

La iglesita de San Nicolás, no obstante, tiene un valor simbólico especial.

“Cuando nos dimos cuenta de que San Nicolás había sido destruida, pensamos que había algún mensaje, que las víctimas no fallecieron solas”, dijo Anthoula Katsimatides. “Recuerdo que mi madre nos decía que John y las demás víctimas estaban siendo abrazadas por San Nicolás”.

El 10 de septiembre, un día antes del 20mo aniversario del ataque, Katsimatides asistirá a la iluminación de la nueva iglesia de San Nicolás que está siendo construida casi en el mismo sitio que la antigua y estaría terminada el año que viene.

La iglesia, diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava, será iluminada desde adentro. Las luces iluminarán paneles de mármol traídos desde el mismo sitio en Grecia de donde provino el mármol usado en el Partenón de Atenas.

La iglesia está siendo construida en un pequeño parque elevado, desde donde se observa el monumento a las víctimas, cruzando la Liberty Street. En el parque fueron instalados los restos de una gran esfera de bronce que supo estar entre las dos torres.

La cúpula de la iglesia, sus ventanales y su iconografía se inspiran en las viejas iglesias bizantinas, incluida la célebre Hagia Sofía de Estambul. Un iconógrafo griego está combinando diseños tradicionales con alusiones al 11/9.

“Las áreas translúcidas de la fachada están pensadas para generar una luz tenue, como un rayo de esperanza”, expresó Calatrava. “El uso de mármol pentélico le da más simbolismo, porque considero que Hagia Sofía es el Partenón de los ortodoxos”.

La iglesia tendrá un sector para meditar en el que serán aceptadas personas de todas las creencias.

“Va a tener una rica vida litúrgica”, aseguró Michael Psaros, vicepresidente de Friends of St. Nicholas (Amigos de San Nicolás), una entidad privada que supervisa el proyecto junto con la Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Estados Unidos.

La iglesia original fue construida por inmigrantes griegos en 1916, incorporando un pequeño campanario y una cruz a lo que supo ser una taberna. “Éramos todos voluntarios”, recuerda Olga Pavlakos, vicepresidenta de la iglesia. “Fue una parroquia pobre”, a la que acudían los inmigrantes griegos para darle gracias a San Nicolás, el patrono de los marineros.

Mientras a su alrededor surgían grandes edificios, la iglesia siempre se negó a vender su terreno.

El objetivo desde un primer momento fue reconstruir el templo. Pero surgieron todo tipo de obstáculos e incluso disputas legales. Finalmente se acordó construir una nueva iglesia en la Liberty Street, muy cerca de donde estaba la vieja, y las obras comenzaron en el 2014.

Pero hubo nuevos impedimentos. El costo fue mucho más alto que el presupuestado y la arquidiócesis se atrasó en los pagos, por lo cual las obras se interrumpieron en el 2017. Fue entonces que se incorporó al proyecto Friends of St. Nicholas, que recaudó nuevos fondos.

“La arquidiócesis hizo muchas cosas buenas, pero la construcción de un altar nacional en uno de los sitios más caros en la historia de la civilización occidental no es uno de sus fuertes”, dijo Psaros.

El arzobispo Elpidophoros, que asumió la dirección de la arquidiócesis a nivel nacional en el 2019, dice que la iglesia tiene un simbolismo muy fuerte.

“La zona cero es en todo el mundo asociada con el odio y la violencia”, dijo el religioso. “Una de nuestras responsabilidades es restablecer la reputación de la religión como un factor que une a la gente”

El proyecto es de particular importancia para el reverendo Alex Karloutsos, por mucho tiempo vicario general de la arquidiócesis. Después del ataque, ofreció apoyo espiritual a los trabajadores que limpiaban la zona.

“La gente buscaba algo sagrado, porque habían vivido una experiencia perversa”, manifestó.

Uno de los objetos que sobrevivió al ataque es un ícono de papel de San Dionisio de Zakynthos, que perdonó al asesino de su hermano.

“Es un ícono conmovedor, porque, al final del día, para superar nuestro odio tenemos que perdonar a quienes acabaron con nuestros hermanos y hermanas”, dijo Karloutsos.

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