El sistema nervioso controla todo lo que haces: la respiración, el caminar, lo que piensas y lo que sientes. De hecho, también lo que aprendes. Y ahora que ya una parte de la población infantil retorna a las aulas es prudente resaltar la importancia de velar por el buen desarrollo neurológico de los pequeños para impulsar el aprendizaje y demás áreas de la vida de los pequeñines.

En él interfiere significativamente el ambiente de estimulación y afectividad, ya que influyen en la integración de las funciones cerebrales.

Para Daniel Pierre, neurólogo infantil, estos han sido tiempos difíciles para todos, especialmente para los niños; de modo que la recomendación de visitar anualmente al pediatra cobra mayor relevancia; y más cuando se inicia un nuevo año escolar, ya que esto ayudará a descartar cualquier condición de salud, como la neurológica, por ejemplo.

Pero, ¿cómo darnos cuenta de que nuestro hijo presenta algún síntoma? El doctor explica que hay “un sinnúmero de signos y síntomas que pueden presentarse en condiciones que afectan el sistema neurológico”.

Dentro de los indicadores de la conducta a los que habría que prestar atención están los cambios de estado anímico, variación de energía y función motora dado que la letargia, irritabilidad, confusión, debilidad y pérdida de la coordinación pueden ser señales de alerta.

Para Pierre los padres y demás familiares son los más aptos para identificar estos signos de alarma ya que conocen mejor el comportamiento usual de los niños.

El experto resalta que algunos cambios en el comportamiento pueden ser normales durante el desarrollo y es importante que siempre que exista una duda se acuda a un profesional.

“Algunos de estos síntomas pueden darse en condiciones fisiológicas (es decir, normales), especialmente los cambios del estado de ánimo en la adolescencia. Los padres y demás familiares se vuelven los más aptos para identificar estos signos de alarma ya que conocen mejor el comportamiento usual de los niños”.

Para el neurólogo infantil éstos son temas muy actuales, de los que se conversa mucho tanto en círculos médicos como sociales. La ayuda de un especialista debe buscarse cuando el rendimiento social y académico esperado para su edad se ve afectado.

Para explicar el déficit de atención y la hiperactividad pone por ejemplo la escuela, donde se puede dar una dificultad para seguir instrucciones, recordar información, o para concentrarse; asimismo, en la casa, los síntomas pueden traducirse en mostrarse olvidadizo con actividades del día a día, fácil de distraer, impaciencia en juegos… ambas situaciones deberían ser una alerta que nos lleve a un especialista para tratar cualquier condición que se pueda estar desarrollando.

Aclara también que no todo déficit de atención es patológico. “La madurez en el desarrollo de los niños los hace una población más vulnerable a que en ocasiones aisladas sus niveles de concentración puedan fluctuar con facilidad. Para considerarse patología deben presentarse patrones constantes en un cuadro de meses que afecten el desarrollo neurocognitivo diario normal en comparación a sus compañeros de la misma edad”.

En tanto que, respecto a los problemas del sueño, dice que presentan un amplio abanico de posibilidades. Muchos de ellos pueden relacionarse a un deterioro en la calidad del sueño como son los ronquidos (a veces asociados a apnea del sueño), la insomnia, la incontinencia urinaria y los terrores nocturnos. “La importancia de una buena calidad de sueño, especialmente en etapas de desarrollo, no se puede sobrestimar. Por esto siempre que el sueño se vea comprometido debe ser una prioridad buscar ayuda profesional”.

Para mantener un sano desarrollo del sistema neurológico infantil, Daniel Pierre recomienda que se lleve una dieta balanceada que incluya frutas, vegetales y fibra; además de realizar algún tipo de actividad física.

Dice que además hay que garantizar en los niños la buena higiene del sueño, eliminando el uso de aparatos electrónicos al menos media hora antes de la hora de dormir.

No obstante, considera que el más grande aliado de un sistema neurológico sano en la infancia es contar con adultos dispuestos a velar por la salud, el punto de contacto más cercano que puede intervenir de manera más directa. “Al educarnos para inculcar a nuestros niños buenos hábitos no sólo los ayudamos hoy, sino para todo su futuro”.

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