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La actual pandemia por COVID-19 ha repercutido a nivel psicológico en gran parte de la población en el ámbito mundial. En ese grupo también se incluyen los pacientes oncológicos, en quienes el virus puede llegar a tener un impacto mucho mayor por la sobrecarga emocional que representa la enfermedad por sí sola. Así lo deja saber el doctor Sócrates Castillo, encargado del Departamento de Psiquiatría y Psicooncología del Instituto Nacional del Cáncer Rosa Emilia Sánchez Pérez de Tavares, Incart, tras abordar el tema en un encuentro virtual.

En el caso de estos pacientes, a la preocupación de contagio por el virus también se suma el estrés y sentimientos de ansiedad, depresión y miedo a la desmejora, ante la realidad de no poder acudir al médico con la misma frecuencia o que los centros de atención no dispongan de los artefactos necesarios para el manejo del cáncer a causa de la crisis sanitaria.

Es por ello que, además de las medidas ya conocidas para salvaguardar la salud, como el uso de mascarillas, distanciamiento social y mantener la higiene, es importante añadir otras que garanticen al paciente oncológico recibir la atención necesaria sin exponerlo a una posible infección. Ahí es donde entran, según Castillo, las consultas online siempre que se pueda y la modalidad que se está implementando en Estados Unidos, aunque no aún en el país, de ofrecer las terapias en otros escenarios que no sean los hospitales.

El estrés es el factor más común en personas bajo diagnóstico de cáncer y al que hace falta prestar atención de manera enfática, ya que de no ser tratado a tiempo puede traer como consecuencia depresión, ansiedad, trastornos del sueño y trastorno de estrés postraumático. Mencionadas afecciones son capaces de llevar a la persona a deteriorarse tanto física como psicológicamente.

Dado que los problemas de salud mental derivados de las enfermedades oncológicas son transitorios, Castillo dice que el 70 % de la intervención es psicoterapéutica, mientras que el 30 % responde a los fármacos. Esto porque lo ideal es no sobrecargar al paciente con medicamentos, además de las propias del cáncer.

Los tipos de psicoterapia más usados que cita el galeno son la psicodinámica de apoyo, psicoeducación acerca de la enfermedad, psicoterapia motivacional, cognitiva y conductual. En cuanto al manejo farmacológico, explica que este básicamente se reduce a casos de depresión severa en los que la psicoterapia no es suficiente.

“El peligro de la depresión es que conlleve a conductas suicidas. Cuando la persona comienza a tener ideas de quitarse la vida, ahí el psiquiatra debe intervenir con fármacos específicos que no interfieran con la medicación indicada por el oncólogo”. Para ello se emplean antidepresivos duales, que promuevan el sueño y que sean ansiolíticos.

El apoyo de la familia, dice, también juega un papel fundamental en la superación y manejo de la depresión. “La familia debe darle la seguridad al paciente de que todo estará bien y de que cuenta con su apoyo para sobrepasar esta situación”, indica.

De acuerdo con el experto, así como pasa con quienes sufren de hipertensión, diabetes u obesidad, que son más propensos a presentar complicaciones médicas relacionadas al COVID-19, sucede igual con las personas con cáncer, en quienes se duplica la probabilidad de mortalidad. “Hay que incluir a los pacientes con cáncer en el grupo de personas vulnerables, porque los tratamientos y el estrés añadido por su condición llevan a una baja del sistema inmunológico que los hace más débiles ante el virus”, concluye.

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