El  profesor de Filosofía  Armando Andruet, quien formó parte del equipo que elaboró y modificó el Código del Comportamiento Ético del Poder Judicial (PJ) dominicano el pasado año,  explica en una entrevista a Diario Libre que al juez no solo se le exige que muestre firmeza y  decoro cuando preside un tribunal con su toga. También se le demanda  en su vida privada un comportamiento cónsono con el que se espera posea durante una audiencia.

Andruet manifestó que la conducta exigida por el Código de Ética a los magistrados fuera de las cortes,   les obliga, por ejemplo, a no dejarse llevar por la euforia en un concierto, cuya excitación lo haga quitarse la chaqueta o la camisa o salir con pocas ropas al patio de su casa a regar las matas, aunque tales actuaciones en otros ciudadanos sean vistas como normales .

“No pueden pasar los límites adecuados que corresponde a su decoro porque, en realidad, el juez aún en el teatro sigue siendo juez. No se trabaja de juez, se es juez”, expone el experto.

Andruet tiene 12 años como consultor del Poder Judicial  dominicano y participó en las actividades del Diálogo con la Comisión Iberoamericana de Ética Judicial, celebrado recientemente en el país.

Señala que el proceder privado “con trascendencia pública que más impacta a la sociedad” de los jueces, tiene que ver con la convivencia con sus vecinos. Cuando en su residencia es visto con una actitud inadecuada o discute. “Esa imagen del juez sin la toga es una imagen que lo devalúa fuertemente porque tiene comportamientos privados con trascendencias públicas que afectan la credibilidad que tiene”, dice.

Acarrea sanción y hasta expulsión

Andruet, quien también fue juez presidente de la Cámara Civil y Comercial del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, en Argentina y actualmente es director de la Especialización en Derecho Judicial y de la Judicatura de la Universidad Católica de esa provincia de la nación sudamericana, sostiene que si una persona nota que su vecino, que es la persona que preside una de las cortes o tribunales de República Dominicana, tiene comportamientos inadecuados puede presentar una queja ante el Comité de Comportamiento Ético del Poder Judicial.

“Lo que va hacer el comité de comportamiento, llama al juez y lo interroga de su comportamiento denunciado y se le sugiere que actúe de la manera que se espera de él ante los ojos de la sociedad”, detalla.

Agrega que “la idea de un comité de comportamiento es primero ayudar al juez a que reflexione sobre sus propios comportamientos” porque, según sus consideraciones,“todos nosotros entendemos mejor las cosas cuando, por las buenas, con naturalidad nos las explican”. Por su experiencia, puede asegurar que hay muchos jueces que han actuado de manera inapropiada con sus cercanos y han sido denunciados al Comité de Comportamiento y que luego “han reflexionado de que efectivamente hicieron algo mal porque no se dieron cuenta”.

¿Y si actuó de manera deliberada?

Si el Comité de Comportamiento Ético se percata de que el magistrado actuó adrede y no hay manera de reconducir su conducta, envía el caso a Inspectoría Judicial en donde “se empiezan hacer todas las investigaciones que luego pueden terminar en una sanción disciplinaria o una expulsión del juez”.

Armando Andruet asegura que el Poder Judicial  dominicano debe sentirse “exultante por los avances que tiene no solo en ética”.

“A mi  me preocupa algo de los jueces dominicanos y es que a veces no terminan de concebir lo verdaderamente importante que son en ciertos temas. Es como si se autorreprimen respecto a lo que son. Yo viajo frecuentemente a países de Latinoameríca y el PJ dominicano tendría que estar exultante por sus avances”, aseveró. 

Un código de ética ¿cambia conducta?

Ante la duda de si es posible reconducir el comportamiento de un profesional y, en este caso, del ámbito judicial, Armando Andruet dice que un código de ética no transforma por sí solo una conducta, pero que sí ayuda a transformarla, siempre que haya todo un trabajo de tracción con los principios y normas que contenga la codificación.

En ese sentido, señala que esa es la función de un comité de comportamiento.

Afirma que el Código del Comportamiento Ético del Poder Judicial dominicano se centra en tres elementos fundamentales: calidad, accesibilidad y transparencia, esta última relacionada al deber que tienen los magistrados de rendir cuentas. 

“Lo que hay detrás de un código es hacerle ver al juez cuál es el valor que él tiene dentro del espacio social. Es decir, no es un sujeto anónimo, es un sujeto apreciado por la sociedad y él debe sentirse apreciado por la sociedad, no en el sentido de que está por encima de la sociedad sino porque está justamente como un buen servidor en la sociedad.

Yo no puedo ser un buen servido – continúa – estando donde no puedo estar, pero sí soy un buen servidor cuando me piden estar en un lugar y lo estoy, ese es el desafío de un código”.

El pasado mes de septiembre el Poder Judicial dominicano hizo el lanzamiento de la Cátedra de Ética Judicial “Manuel Ramón Ruiz Tejada” la cual estará dirigida por el magistrado Justiniano Montero Montero, juez de la primera Sala de la Suprema Corte de Justicia y comisionado nacional ante la Comisión Iberoamericana de Ética Judicial (CIEJ). Armando Andruet será docente de la Escuela Nacional de la Judicatura y director internacional de la Cátedra.  

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