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Esta historia es parte del especial “Seis meses en emergencia” de Diario Libre, realizado por Mariela Mejía, Yulissa Álvarez, Inés Aizpún, Karen Veras, Niza Campos, Hogla Enecia y Pablo García.

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El primero de marzo del presente año, faltando 14 días para los comicios municipales, los dominicanos reportaron su primer caso de coronavirus en la provincia La Altagracia. Se trató de un italiano de 62 años, quien había ingresado al país el 22 de febrero, procedente de Pesaro, en Italia, y tras dar positivo fue ingresado en el Hospital Militar Dr. Ramón de Lara.

Esa situación no impidió que el ritmo político se detuviera y la campaña siguió su curso rumbo a unos comicios que arrastraban el fracaso de una primera convocatoria del 16 de febrero.

Con al menos seis casos confirmados y 119 sospechosos, los dominicanos se abocaron a celebrar sus elecciones municipales extraordinarias con mínimas medias sanitarias y tras agotar una intensa campaña que incluyó caminatas, recorridos y caravanas.

Sin mayores contratiempos, el 15 de marzo acudieron a las urnas 3,678,134 electores, quienes ejercieron el sufragio durante una jornada electoral que sería el detonante en el incremento de los casos.

Cuatro días más tarde, el 19 de marzo, las autoridades declararon estado de emergencia en todo el territorio nacional, disposición que de inmediato influyó en la campaña rumbo a las elecciones presidenciales y congresuales que estaban pautadas para el 17 de mayo y que producto de la pandemia debieron ser pospuestas para el 5 de julio.

Bajo el estado de emergencia, la campaña política dio un giro, y en vez de marchas y caravanas, la batalla electoral se volcó en una lucha por las ayudas y donaciones sociales entre los principales candidatos presidenciales de los partidos de la Liberación Dominicana (PLD), Revolucionario Moderno (PRM) y Fuerza del Pueblo (FP).

La efervescencia de la campaña logró el punto más alto a partir del sábado 27 de junio, cuando el Gobierno puso fin al toque de queda y se dio luz verde a las marchas, caravanas y concentraciones que fueron casi diarias, sin respetarse el distanciamiento físico y sin adoptarse las debidas medidas sanitarias.

Desde el sábado 27 de junio hasta el jueves 2 de julio a la medianoche, el activismo fue excesivo, y ya para el viernes 3 de julio las cifras de los infectados rondaban los 951 y los fallecidos eran 10.

El domingo 5 de julio, en unas elecciones históricas celebradas en medio de una pandemia, fueron convocados a votar con mascarillas 7.5 millones de electores. Para realizar los comicios las autoridades aplicaron un protocolo sanitario.

Las votaciones se desarrollaron en 16,001 colegios electorales distribuidos en 4,168 recintos electorales en lo que se estableció un distanciamiento entre votantes de dos metros, en cumplimiento del protocolo sanitario.

Además, fue obligatorio el uso de mascarillas en los electores, la desinfección de las manos a la llegada de los colegios, así como de la cédula de identidad y electoral.

Culminado el escrutinio de los votos, la Junta Central Electoral (JCE) dio como ganador del certamen al empresario Luis Abinader, postulante del PRM, con 2,154,876 votos para el 52.52 % de los 7,529,932 electores llamados a votar.

Abinader se impuso sobre los candidatos Gonzalo Castillo, del PLD, que logró 1,537,041, votos para el 37.46 % y Leonel Fernández, con 365,230 votos, para el 8.90 %.

La celebración de los comicios presidenciales y congresuales fueron calificados por el presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, como un certamen donde prevaleció el orden, la paz y una conducta ejemplar de los votantes.

“La democracia salió fortalecida, eso es lo importante, no quién lo hizo. Me siento bien, la historia se escribirá, pero la escribirán otros, no yo. No puedo darme bombos yo mismo, simplemente tengo que esperar el juicio de la historia”, aseguró en su oportunidad Castaños Guzmán.

La jornada electoral dominicana recibió además el reconocimiento internacional, entre ellos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) que saludó el compromiso cívico del pueblo que asistió a las urnas a pesar de las circunstancias excepcionales ocasionadas por el COVID-19.

La misión de observadores reconoció “el esfuerzo extraordinario de las autoridades electorales en la organización exitosa de los comicios, que además constituyen el tercer proceso electoral del año en curso”.

Culminado los comicios y declarado ganador el entonces candidato Luis Abinader, el COVID-19 tuvo un repunte en los casos, y ya para el 15 de julio las cifras rondaban los 47,671 infectados y 929 fallecidos.

Esa situación dio paso a que el todavía presidente Danilo Medina, en coordinación con las autoridades electas, decidiera solicitar un nuevo estado de emergencia por 45 días para frenar la propagación del coronavirus. El nuevo estado de emergencia trajo consigo otro toque de queda.

En pleno estado de emergencia, el 16 agosto, Abinader asumió la Presidencia con el reto de enfrentar la grave crisis sanitaria y económica a causa del coronavirus, cuyos registros de casos sumaban 86,309 afectados y 1,453 fallecidos. En ese momento la tasa de positividad se situaba en 31.94 % y la de letalidad en 1.68 %.

Para el politólogo Henry Blanco Castillo, la democracia dominicana salió fortalecida, tras haber celebrado elecciones en medio de una pandemia, ya que a pesar de la situación se pudo cumplir con una condición “intrínseca de la democracia”.

“La democracia es una construcción continua, constante y permanente de la ciudadanía, que convida a la población en cada momento con la historia de ir superando los escollos que obstaculizan y conspiran contra ella”, enfatizó.

Blanco Castillo consideró que la crisis sanitaria, por la que atraviesa el mundo y la República Dominicana, apuntaba a que se interrumpiría la vida democrática, pero que sin embargo el liderazgo político actuó con madurez política y superó todos los desafíos y obstáculos.

Indicó que en estos momentos, la victoria del PRM genera esperanza en la población dominicana. “Esperemos que continúen ampliando la participación democrática, profundización de la equidad y que terminen de una vez y para siempre con la impunidad y la corrupción”, dijo.

“Eso sería un paso más de avance para la vida democrática de los dominicanos y ejemplo para la comunidad internacional”, precisó

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