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En un principio, trabajar desde casa parecía ser una excelente alternativa Y es que, ciertamente, tiene muchas ventajas; además de no exponernos a un posible contagio, permite dedicarle más tiempo al hogar, mayor flexibilidad de horarios y hasta reducción de gastos. Sin embargo, más de cinco meses después, ya no pensamos de la misma manera.

Según reseña Tomas Chamorro-Premuzic, experto en evaluación de liderazgo y gestión del talento, para el portal Fast Company, el problema radica en que ahora el teletrabajo se ha vuelto una obligación para todos, incluso para los que preferirían trabajar desde la oficina. Es por eso que empiezan a salir a flote las consecuencias psicológicas.

“Hay signos preocupantes, o al menos razones racionales para predecir los efectos negativos del trabajo remoto prolongado, sobre todo por la forma abrupta y no voluntaria en que se han producido estos cambios”, explica el especialista, al tiempo que cita cuatro de las consecuencias psicológicas más comunes.

Soledad. Si las empresas no se encargan de establecer redes de apoyo adecuadas y no fomentan una cultura de colaboración y conectividad virtual, muchos empleados corren el riesgo de sentirse solos. Así lo indica Chamorro-Premuzic, quien dice que no todos los líderes empresariales están preparados para hacer la transición de lo análogo a lo virtual.

Ansiedad. Para nadie es un secreto que la pandemia ha traído mucha incertidumbre, lo que se traduce en ansiedad. “La incertidumbre provoca ansiedad… En ausencia de familiaridad, nos sentimos inseguros. Cuando no podemos planificar, experimentamos incomodidad e impotencia. Todo esto significa que el trabajo remoto por sí solo no es tan problemático como la perspectiva de hacerlo por tiempo indefinido”, sostiene.

Estrés. Además de ansiedad, los cambios también generan estrés. Esa es la razón por la que quienes ya estaban acostumbrados a trabajar bajo la modalidad remota se ven menos afectados que los que se vieron obligados a cambiar abruptamente. “Las personas que han trabajado desde casa todo el tiempo tuvieron que adaptarse a otras personas que se vieron obligadas a cambiar al trabajo virtual o a dejar de trabajar por completo. También ha habido una división significativa en la capacidad de las personas para cambiar al trabajo remoto en función de si tienen hijos o no”.

No puede sustituir el mundo físico. Las videoconferencias por Zoom nunca sustituirán los encuentros físicos, y es que, según el experto, no es posible simplemente borrar nuestro tren evolutivo y reemplazar millones de años de interacción en persona con comunicaciones virtuales o tecnológicamente mediadas. “Es interesante que la mayor parte de la tecnología que aprovechamos, y quizás incluso disfrutamos, es replicar experiencias de la vida real. Pero la sensación general es que el contacto virtual es solo un sustituto barato del contacto real”, añade.

Ver el lado positivo

Chamorro-Premuzic reconoce los beneficios que tiene el trabajo remoto, por lo que hasta el 37 % de las empresas a nivel global ya habían incursionado en esta modalidad antes de la pandemia. A eso agrega que no debemos olvidar que los humanos tenemos la capacidad de adaptarnos y que la parte más difícil, que es el cambio inicial, ya la pasamos. “La esperanza ahora es que nos recuperemos más fuertes y mejor una vez que la crisis haya terminado, o al menos bajo control”, concluye.

Fuente: Fast Company

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