Aunque muchas veces lo decimos, pero pocas veces lo asumimos como una realidad: los niños son esponjas, absorben todo lo que ven, expresan lo que sienten y repiten todo lo que los demás hacen.

Por eso cuando se es padre, maestro o educador es necesario mantener una conducta que refleje las emociones que queremos que los niños asuman. En una publicación en la cuenta de @aprendiendo_rd la psicóloga escolar Leslie Amell plantea que los hijos observan a sus padres todo el tiempo y detectan sus emociones.

“Más allá de lo que expresamos con palabras, a través de nuestro lenguaje no verbal, tono de voz y gestos. El cerebro humano está diseñado para captar las emociones de los demás. Por eso cuando estamos enojados, ellos pueden ponerse agresivos”, dice la especialista.

Según explica, esta misma razón es la que hace que los niños adopten una conducta de regresión cuando los padres están estresados o que noten la tristeza de sus padres sin ellos ni siquiera comunicarlo.

“Cuando no les prestas atención plena, ellos empiezan a portarse mal”, por esto es que todas las conductas de los niños están directamente relacionadas con la conducta de sus padres o tutores. -Si tu hijo constantemente hace rabietas, analiza que estás haciendo tú-.

La también terapeuta de aprendizaje, afirma que en ocasiones los niños imitan nuestras reacciones con otros. “Les hablamos mal y ellos le hablan mal a sus hermanos menores o sus amigos”.

En un artículo, la psicóloga Denisse Santa afirma que está demostrado que la conducta no es determinada en su totalidad por aspectos intrínsecos del organismo en sí, aspectos biológicos, sino que también influye su ambiente, lo que ve y donde se encuentra.

“La conducta en sí no se hereda, no obstante, la herencia es estrictamente una parte fundamental de la conducta de un ser”. Denisse afirma que, aunque el crecimiento físico es regulado desde el interior del organismo, esta también sujeto a normas dentro de las amplias variaciones de las condiciones del medio ambiente, es decir, que la conducta depende claramente del desarrollo de las estructuras físicas subyacentes.

Según Santana, estos géneros de conducta siguen ejerciendo una influencia en la conducta de las personas, mucho después de que ha dejado la familia en la que ha sido criado.

“Dice un dicho que un niño aprende más de lo que ve que de lo que oye. Tenemos que trabajar en nosotros madres y padres, nuestra paz, madurez, crecimiento, estabilidad…no podemos dar lo que no tenemos”, afirma Leslie Amell.

Leave a Reply

WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com