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El británico Hassan Zubier ha pasado de ser un héroe condecorado que quedó parapléjico tras enfrentarse a un yihadista en el ataque terrorista de Turku (Finlandia) en 2017 a un villano condenado por cometer fraude para obtener un beneficio económico de aquel trágico suceso.

Un tribunal finlandés condenó este martes a Zubier a un año y diez meses de prisión condicional y a pagar una multa de 13,500 euros por fraude grave, falsificación de documentos y recaudación ilícita de fondos.

El tribunal considera probado que Zubier mintió a la Justicia finlandesa sobre su situación laboral y sus ingresos, al asegurar que en 2017 trabajaba como técnico sanitario en una empresa de ambulancias de Suecia, país en el que reside con su familia, cuando en realidad estaba desempleado.

Zubier, quien quedó postrado en una silla de ruedas tras el atentado terrorista, presentó incluso un certificado falso para demostrar su vinculación laboral con la empresa sueca y conseguir así una mayor compensación del Estado finlandés.

Basándose en su declaración, en 2018 un juez finlandés concedió a Zubier una indemnización por daños de 7,000 euros más una pensión de invalidez de 950 euros mensuales para compensar su incapacidad laboral hasta que cumpla 65 años, suma que se hubiera pagado durante 19 años.

Las autoridades finlandesas descubrieron meses después que el certificado laboral supuestamente expedido por la empresa de ambulancias sueca era falso y la persona que lo firmaba en realidad no existía, por lo que demandaron a Zubier.

Tras investigar el caso en profundidad, a los cargos de fraude y falsificación de documentos el fiscal añadió el de recaudación ilícita de fondos, ya que Zubier se benefició de una campaña solidaria lanzada por una mujer finlandesa que quería ayudarle a través del portal GoFundMe.

La campaña recaudó por internet donaciones anónimas por valor de unos 30,000 euros, pero al no contar con los permisos pertinentes, fue considerada delictiva por la Justicia finlandesa.

Durante el juicio, Zubier negó tener algo que ver con la campaña solidaria, aunque sí admitió los delitos de fraude y falsificación de documentos, alegando que no se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales cuando falsificó el certificado.

“Vi lo que les sucede a algunas víctimas en Suecia, que no reciben ninguna compensación, y entré en pánico. Me di cuenta de que nuestra economía familiar se hundiría porque ya no puedo trabajar”, se justificó durante la vista.

“Me avergüenzo de lo que hice. Sólo espero que el tribunal se dé cuenta de que hay una explicación y de que no lo hice con mala intención”, afirmó apesadumbrado.

El azar quiso que el 18 de agosto de 2017 Zubier estuviera de vacaciones con su familia en una céntrica plaza de la ciudad de Turku, al suroeste de Finlandia, en el instante en que el yihadista marroquí Abderrahman Bouanane atacó con un cuchillo a una mujer de 31 años que repartía folletos de los Testigos de Jehová.

Cuando Zubier escuchó gritos y vio la escena, no se lo pensó dos veces y acudió corriendo para enfrentarse al terrorista, quien en un primer momento salió huyendo.

Zubier, técnico sanitario de emergencias, atendió en el suelo a la mujer malherida e intentó contener la hemorragia, pero el yihadista regresó con la intención de agredirle.

El paramédico británico forcejeó con él y consiguió que huyera de nuevo, pero Bouanane volvió una vez más y le asestó cuatro cuchilladas en la espalda, el brazo y el pecho.

A continuación, el yihadista marroquí continuó su ataque y agredió con el cuchillo a todas las personas que se cruzaron en su camino, especialmente a mujeres, hasta que la Policía finlandesa logró arrestarlo tras dispararle en una pierna.

Pese a los esfuerzos de Zubier, la mujer malherida falleció poco después y él sufrió lesiones graves en la médula espinal que le impidieron volver a caminar.

Este ataque terrorista, el primero de la historia de Finlandia, se saldó con dos mujeres muertas y ocho personas heridas.

Bouanane fue condenado a cadena perpetua, mientras que Zubier se convirtió en un héroe y fue condecorado por el presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, y la reina Isabel II de Inglaterra por su “gran valentía”.

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