Estados Unidos registró más de 1 millón de nuevos casos confirmados de coronavirus en los primeros 10 días de noviembre, y detectar más de 100,000 infecciones cada día se ha convertido en una norma durante un repunte que no da indicios de ceder.

El millón de nuevas infecciones se presenta en momentos en que gobernadores de todo el país hacen llamados cada vez más desesperados al público para asumir con mayor seriedad el combate al virus. El gobernador de Wisconsin planeaba la inusual medida de dar un discurso en vivo al estado para pedir unidad y cooperación en la lucha contra el COVID-19.

El gobernador de Minnesota ordenó el cierre de bares y restaurantes a las 10 de la noche, y el titular de gobierno en Iowa dijo que el uso de mascarillas es obligatorio en concentraciones de al menos 25 personas en interiores, inclinándose por restricciones más estrictas luego de meses de abstenerse de implementar medidas.

La alarmante oleada de casos en todo el país luce más grande y más extendida que los brotes de la primavera en el noreste y del verano en los estados del Cinturón del Sol. Pero los expertos señalan que también hay motivos para creer que el país está mejor preparado para enfrentar al virus en esta ocasión.

“Definitivamente estamos mejor”, en lo que se refiere a mejores herramientas médicas y conocimiento, dijo William Hanage, investigador de enfermedades infecciosas de la Universidad de Harvard.

Varios estados reportaron récords el martes, incluyendo más de 12,000 nuevas infecciones en Illinois, 7,000 en Wisconsin y 6,500 en Ohio. Y el total nacional ha superado los 10 millones de infecciones.

Los decesos-un indicador retrasado debido a que a las personas les toma tiempo enfermar y morir-van nuevamente en aumento, con un promedio de más de 930 al día.

Los hospitales están al borde del colapso. A diferencia de brotes anteriores, el de esta ocasión no está confinado a una o dos regiones: Las infecciones van en aumento en 49 estados.

“El virus se propaga de una forma prácticamente incontrolada en la gran mayoría del país”, dijo el doctor Wiliam Schaffner, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Vanderbilt.

A pesar de que el número de muertes está muy por debajo de su punto más alto de 2,200 diarias en abril, algunos investigadores estiman que el total nacional alcanzará los 400,000 decesos antes del 1 de febrero, un marcado incremento respecto a los 240,000 actuales.

Pero también hay algunas buenas noticias.

Los doctores ahora tienen un mejor conocimiento sobre la atención de casos severos, lo que significa mayores porcentajes de pacientes que ingresan con COVID-19 a pabellones de cuidados intensivos y salen con vida. Los pacientes se benefician de nuevos tratamientos como el remdesivir, el esteroide dexametasona y un antígeno que obtuvo aprobación para uso de emergencia por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos el lunes. Además, existe una mayor disponibilidad de pruebas diagnósticas.

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