Este miércoles se conmemora el bicentenario de la Independencia efímera, acontecimiento que, a juicio del presidente de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias (CPEP), Juan Pablo Uribe, debe servirle a las presentes y futuras generaciones para fortalecer los intereses supremos de la República Dominicana.

Uribe manifestó a Diario Libre: “La memoria histórica de esta fecha no puede quedarse en el recinto restringido de lo académico; debe proyectarse en el interés general, cívico, tomando en cuenta que hoy la nación dominicana vive una coyuntura especial y compleja, cargada de desafíos y asechanzas insulares y globales sobre la dominicanidad”.

La proclamación del Estado Independiente del Haití Español, que se produjo el 1 de diciembre de 1821 y culminó el 9 de febrero de 1822, “no fue un acontecimiento improvisado o por inquina de su principal ideólogo, José Núñez de Cáceres”, señaló Roberto Cassá, historiador y director del Archivo General de la Nación durante un seminario por el bicentenario.

“Lo que estaba de por medio era un enfrentamiento de intereses con el imperio español; era una contraposición que no solamente tocaba a la elite criolla, sino a otros sectores”, indicó el historiador.

En ese sentido, el exsubdirector del Archivo, Raymundo González, sostuvo que en “Santo Domingo tuvo especial importancia el hecho de que España apenas pudo prestar la ayuda requerida por su reincorporada colonia”, tras el serio revés económico registrado, “y ni siquiera llegó a reconocer los méritos de los soldados que la hicieron posible”.

“El acontecimiento que se conmemora hoy surge en el marco de un extenso proceso histórico de diferenciación nacional dominicana, incompatible con cualquier dominación extranjera”, explicó a Diario Libre el también miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia, Raymundo Manuel González.

Sostuvo que este proceso histórico incluye la salida de los franceses en 1809 y la devolución del territorio y pueblo al dominio español por parte de Juan Sánchez Ramírez, hecho que, citando el historiador a Eugenio María de Hostos, “fue una torpeza”. Consumada la “reconquista”, la realidad española se transformó: tanto en la península como en el resto del imperio español en América, las cosas cambiaron a toda prisa.

“En 1808, la invasión de Napoleón y el apresamiento del rey Fernando VII, quien fue sustituido por José Bonaparte; el inicio inmediato de la guerra contra la usurpación del trono con el establecimiento de la Junta Central de Sevilla, trastornó la administración imperial; los liberales asumieron la defensa de la monarquía llamando a formar juntas para resistir a Napoleón y esto se tradujo también en movimientos políticos dentro de las colonias americanas”, detalló.

González señala que en América la respuesta fue diversa, pero se perfilaron pronto movimientos más radicales por la independencia que se expresaron con diverso contenido social. En México hubo un primer estallido en 1810 condujo a la independencia de 1821.

Una de las características del movimiento independentista de Núñez de Cáceres, explica González, era su carácter urbano, prácticamente restringido a la capital, “por no decir a los miembros de la Diputación Provincial, y a algunos más. Aunque en el trasfondo había un estado social de inquietud y agitación que se advierte en los conatos de rebelión que fueron sofocados por la fuerza durante el periodo llamado de la España Boba.”.

Algunas de las figuras que participaron en este proceso independentista fueron Antonio María Pineda, Juan Vicente Moscoso, Felipe Dávila Fernández de Castro, entre otros.

Una figura clave, de acuerdo a González, fue el comandante de la ciudad capital, Pablo Alí, a quien se le atribuye la toma de la fortaleza de Santo Domingo, a donde fue trasladado el gobernador Pascual Real, “sin disparar un tiro”.

Para González y Cassá, la carencia de sustentación política y económica, además de las limitaciones sociales y clasistas causaron la brevedad del proyecto independentista.

En el ámbito político se destacó el retraso que tuvo la embajada ante la Gran Colombia de Simón Bolívar, a la que pretendía anexarse Núñez de Cáceres, debido a que el militar venezolano se encontraba en las campañas militares desarrolladas en Ecuador, Perú y Bolivia.

En tanto que la falta de sustentación económica se debe a la escasez en el comercio, reducido a la madera y el tabaco. Cassá hizo mención a las limitaciones sociales y clasistas que tenía el nuevo estado, coincidiendo con González, quien resaltó que Núñez de Cáceres no abolió la esclavitud, “salvo que él mismo dio la libertad a los que tenía propios”.

Citan, además, la intervención de agentes del presidente haitiano Jean Pierre Boyer, “quien se movilizó desde antes de la declaración de independencia, acercándose a comerciantes y otros líderes con vistas a un eventual derrumbe de la dominación española; apoyado además en el prestigio que le había ganado la unificación haitiana lograda poco antes y las expectativas de reconstitución de la demanda de productos para exportación”.

Para conmemorar los 200 años del acontecimiento, en marzo pasado, el presidente Luis Abinader, a través del decreto 146-21, dispuso la creación de una comisión presidida por el Ministerio de Cultura, a los fines de organizar actividades para recordar al movimiento independentista encabezado por José Núñez de Cáceres.

En ese sentido, Uribe, informó que a partir de las 9:30 de la mañana se depositará una ofrenda floral en el Panteón de la Patria, donde se desarrollarán otras actividades encabezadas por la Comisión y el Ministerio de Cultura.

Para las 11 de la mañana está pautada la puesta en circulación de la emisión postal, en el salón Ramón Oviedo del Ministerio de Cultura, que contará con la participación de la CPEP, la ministra Milagros Germán, Katiuska del Carmen Báez, titular del Instituto Postal Dominicano (Inposdom).

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