El Movimiento Interiorista del Ateneo Insular tributó un homenaje al poeta dominicano José Mármol.

Seis escritores interioristas expresaron sus puntos de vistas sobre el legado literario del cultor de la palabra, los días 28 y 29 del mes de agosto en Constanza.

El poeta vegano, Miguel Ángel Durán, fue el maestro de ceremonia y las palabras de bienvenidas estuvieron a cargo de Oscar de León Silverio, poeta santiagués, miembro del Movimiento Interiorista desde su fundación en 1990.

« Dios ha querido que hoy tengamos entre nosotros a un poeta que es uno de los mejores referentes de las letras y, sobre todo, de la poesía latinoamericana. Y cuando digo de la poesía latinoamericana quiero decir que él es dueño de una poesía que se universaliza, que tiene estéticas y primores de estilo que subrayan toda una postura en el lenguaje y en el quehacer literario de nuestra nación», dijo Silverio.

Las disertaciones se iniciaron con el filósofo Luis Quezada Pérez, quien presentó un estudio titulado «Escultura y ética del poeta en la visión estética de José Mármol».

«Hablar de José Mármol es hablar de un sueño escultural —expresó—. Mármol es un poeta que es pensador y un pensador que es poeta. La poética y el pensamiento tienen un mismo vehículo de comunicación: el lenguaje. De ahí que Mármol durante décadas ha profundizado la relación poesía-lenguaje y pensamiento-lenguaje».

Señaló además: «La poética de José Mármol no tiene pretensiones de dilectantismo intelectual, de conceptualización exagerada ni de abstracción alejada de la realidad y del ser humano común y corriente. Mármol lo expresa hermosamente al finalizar la entrevista de José Ángel Leyva: ‘Mi búsqueda es el poema que me acerque al ser humano común. Un poema que pueda ser escrito y leído por todos los hombres y mujeres del universo. ¿Acaso no era este el sueño de Lautréamont? Que la poesía pueda ser escrita y leída por todos. ¿A qué más?’”».

El poeta Andrés Ulloa, en su discurso titulado «José Mármol y La poética del pensar», expuso que «para 1982, dos años antes de su primer libro publicado (El ojo del arúspice), José Mármol se erigía en el primer teórico de una generación incipiente de escritores jóvenes congregados en su mayoría en el taller César Vallejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo».

Manifestó también: «Con el ensayo Poniente de los ídolos, intentaba marcar un distanciamiento en el quehacer poético dominicano caracterizado por una poesía de corte social estrechamente vinculada a las luchas políticas, pero que descuidaba, a nuestro modo de ver, el uso responsable del oficio poético por el de la verdad político-ideológica contraria a los gobiernos autoritarios y a la mezcolanza emotiva de ser capitalista o comunista durante el período de la Guerra fría».

«Ese ensayo se erigió en un grito de identidad de la joven poesía y un intento de manifiesto», dijo. Agregó que con el mismo «no solo se apartó, sin menospreciar, de los cánones artísticos dominicanos de entonces, sino que regresaba a una discusión, en cierto modo, primaria sobre la poesía, discusión que había sido tocada en múltiples momentos de la historia occidental del hombre: la disociación del pensar y el poetizar: mito y logos».

En un emotivo discurso, Elidenia Velásquez se refirió a la obra «El placer de lo nimio, de José Mármol.

«Cuando recibí, de manos de don Bruno Rosario Candelier, este sublime libro, lo primero que atrajo mi atención, además del nombre del autor, fue el título del mismo: El placer de lo nimio. Quedé prendada de sus líneas claras y de su prosa coherente y tranquila, sin rebuscamiento, pero serena como clara noche de abril. Cada párrafo describe un sentimiento, una vivencia, una aventura, un recuerdo, pedazo del alma de este ilustre poeta vegano. Hoy puedo decir, como una vez dijo Job al Señor: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”», expresó.

De Bruno Rosario Candelier fue leído un vasto estudio que realizó a la obra de José Mármol, titulado «La creación poética de José Mármol, intuición y reflexión en pensar y poetizar».

Expuso que «entre los creadores de los ’80 del siglo XX en las letras dominicanas sobresalen los poetas seguidores de la Poética del pensar, tendencia estética creada por José Mármol, pensador y poeta con capacidad para intuir, reflexionar y crear en medio de la crisis de los valores, el cuestionamiento a conceptos socializantes y la frustración ante expectativas, sueños e ilusiones».

«Desde su primer poemario, El ojo del arúspice, José mármol se instala en el fuero originario de lo viviente y, como todo poeta troquelado por un impacto angustioso en su infancia, evoca “la herida que no cesa” por cuanto queda latente para siempre en el sótano de la inconsciencia esa huella indeleble: “…el mar es aquel hueso que duele a mis ancestros/ (herida que no cesa el mar no es mi niñez)/ combada penitencia con tantas vejaciones mi mar/ mío vacío corazón que me llena/ la muerte de vivir sediento”», añadió.

Afirmó que «la creación poética de José Mármol es el testimonio lúcido y elocuente de su talento intuitivo y el aporte teorético de su Poética del pensar.

“La pulcritud del lenguaje, la hondura del concepto y la poetización de la imagen son sus atributos estéticos. Se trata de pensar el pensamiento en pos de la belleza del concepto, el sentido del pensamiento y la hondura de la expresión. José Mármol está en el pabellón de los grandes creadores de las letras dominicanas por el aporte de su creación y el caudal de sus reflexiones, cauce del ideario creador y fuero de un testimonio de intuiciones originales», enfatizó.

«Cuando le otorgué un reconocimiento a José Mármol en nombre de la Academia Dominicana de la Lengua en Santiago dije entonces, y lo reitero ahora, que José Mármol no es solo un laureado poeta dominicano y un sobresaliente cultor de la palabra, sino también un poeta de la lengua española», destacó don Bruno Rosario Candelier.

Se hicieron otras exposiciones en honor a José Mármol. Miguelina Medina expuso sobre la obra Posmodernidad, identidad y poder digital, que su autor dedicara a sus nietos, y el consagrado escritor Rafael Peralta Romero se refirió a su estudio sobre la obra Paradoja identitaria y escritura poética.

En la sesión para la narrativa, Miguel Solano, con la afabilidad que lo caracteriza, leyó el cuento que escribiera en honor de José Mármol, titulado «El castigo del crimen».

Tras escuchar las disertaciones, José Mármol expresó: «Yo creo que mi misión aquí es escucharles, pero, sobre todo, agradecer. Y agradecer a cada uno de los que han tomado tiempo y esfuerzo para leer estos textos y escribir tantas cosas maravillosas sobre ellos, que yo voy escuchando y leyendo y creo que están hablando de otro escritor, realmente, y no de mí, otro escritor que merezca todo eso. Así que lo primero es subrayar esa gratitud que siento hacia cada uno de ustedes y hacia Bruno».

Dijo que le cuesta muchísimo hablar de mí mismo y que hacerlo es para él es un reto complejo.

“Y creo que se han tocado tantas aristas, tantas vertientes de esos escritos míos, que yo, en la intimidad y con algunos amigos cercanos, sigo llamando “garabatos”. Yo creo que no son más que eso. Y cuando releo algunos de esos textos siempre creo que pudieron ser mejores. Creo que el arte es infinitamente perfectible, mejorable. Y hoy he tenido que escuchar tantas cosas, gracias a ustedes, escritas por mí, que digo “cóntrale, pero eso pudo haber quedado de otra forma mejor”. Soraya, mi esposa, dice que ella llegaba a conocer una buena versión de un poema, que luego en el libro yo lo dañaba, por esa afición a tachar», agregó.

«Si fuera a hacer un recorrido, aun fuese rápido, tendríamos que empezar con ese libro en el que se han detenido mucho ustedes, porque han hablado de La poética del pensar, y se trata de El ojo del arúspice, que es mi primer libro, que puedo confesar aquí (y no sé si lo he hecho en público alguna vez), que no se llamaba así. Cuando yo publico El ojo del arúspice, ya estaban escritos Otredades 1 y Otredades 2. O sea que ese libro se gestó entre el 79 y el 81, más o menos. Yo realmente había llevado a cabo algunas reflexiones en torno a la tradición poética dominicana, cosa que todavía me ocupa y me preocupa. Y en el seno del Taller Literario César Vallejo ya yo hacía algunas formulaciones que eran heréticas», manifestó.

Colaboración de Miguelina Medina

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