Manuel Merino juró el martes como el tercer presidente de Perú en cuatro años entre protestas que demuestran una profunda crisis política y económica agudizada por la pandemia.

El político —desconocido para gran parte del país— reemplaza a Martín Vizcarra, quien fue destituido el lunes por “incapacidad moral permanente” tras una rápida votación en el Parlamento luego de ser acusado sin pruebas concluyentes de recibir sobornos mientras era gobernador en 2014.

Su juramentación quedó marcada por protestas que continuaban la noche del martes en más de una decena de ciudades. A pocas cuadras de la ceremonia en la capital, la policía rodeó el palacio presidencial y el Parlamento y frenó las manifestaciones con gases, perdigones y varazos. La policía informó que detuvo a 27 y la prensa local difundió golpes y empujones al menos a tres periodistas.

Los manifestantes califican la destitución como “golpe de Estado disfrazado”. Un letrero decía “fuera ratas”, en alusión al Parlamento y otros cantaban la frase “Merino delincuente, no eres presidente”.

El taxista Paul Mendoza dijo a The Associated Press que la destitución de Vizcarra “es un golpe de Estado” y añadió que su vacancia provocará “una inflación, la recesión, va a subir el dólar, no vamos a poder seguir adelante porque estamos también con la pandemia”.

El nuevo presidente, que gobernará por ocho meses, pidió calma a los manifestantes y añadió que existe “una mala intención de querer dividir al país” que él no permitirá que suceda.

A través de su cuenta de Twitter, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le pidió al nuevo gobierno a realizar las elecciones programadas y a resolver la “actual crisis política” respetando “los estándares interamericanos sobre separación de poderes y el respeto al Estado de Derecho”.

El director ejecutivo de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, dijo también en Twitter que “el proceso de vacancia se llevó a cabo de forma muy cuestionable” y que “los estados de la OEA deben vigilar de cerca las decisiones de Manuel Merino y el Congreso”.

El expresidente Vizcarra fue abordado el martes por la prensa y comentó que en medio de las protestas le preocupaba el nuevo gobierno de Merino porque está “en tela de juicio” su legalidad y legitimidad. “¿La legitimidad quién la da?”, preguntó y se respondió de inmediato: “el pueblo”.

Vizcarra afirmó que el jueves se presentará en dos fiscalías que lo investigan por supuestamente recibir 630.000 dólares en sobornos por dos obras licitadas cuando era gobernador regional entre 2011 y 2014. “Me he comprometido de dar todo el apoyo a las investigaciones”, indicó.

El nuevo presidente Merino también fue cuestionado en mayo porque su madre y dos hermanos, pese a estar prohibidos por ley, contrataron con el Estado por 55.000 dólares en el periodo 2011-2016 cuando él era legislador. Merino afirmó a la prensa que los casos han sido archivados por la Fiscalía.

El expresidente llegó al poder en 2018 luego que su antecesor Pedro Pablo Kuczynski (2011-2016) renunció poco antes que el Parlamento de ese entonces lo destituya también por “incapacidad moral permanente”, una causal existente en la Constitución que los expertos creen que es muy vaga y sobre la que el Tribunal Constitucional aún no ha precisado su significado.

Merino tiene el reto de proponer medidas claves para generar la recuperación económica del país. El mandatario dijo que su gobierno buscará evitar que una segunda ola de infecciones por el nuevo coronavirus encuentre al país en medio de la “vulnerabilidad”.

Eileen Gavin, analista principal para América Latina de la consultora global de riesgos Verisk Maplecroft, dijo que era probable que Merino “proponga medidas populistas en un intento por tranquilizar a los votantes, además de asegurarse cierta legitimidad y capital político”.

La pandemia desnudó el débil sistema sanitario y la inequidad histórica en el país sudamericano que ha provocado hasta el momento unos 922.300 contagiados y 34.879 fallecidos.

El país también vive una grave crisis económica que ha provocado la quiebra de miles de negocios y el desempleo de millones. Las proyecciones del Banco Mundial son sombrías. Un cálculo de junio afirma que el Producto Interno Bruto caerá 12% en 2020, el tercer peor descenso del mundo.

Pablo Mamani, de 56 años y vendedor ambulante de botellitas de alcohol para desinfectarse las manos, dijo que los políticos en Perú cada vez eran peores y que no esperaba mejoras en su vida.

“Todos son unos miserables, unos rateros, Vizcarra era el menos malo”, dijo Mamani.

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