Durante el fin de semana, mientras muchos en el país se mantenían a la expectativa del paso del huracán Fiona por el territorio, en las redes sociales se comentó con críticas un video en que jóvenes se burlan de una empleada de un restaurante de comida rápida que hacía sus labores.  

El audiovisual muestra a unos chicos que hacen comentarios sobre el “valor” social de la empleada y, en una acción que ha sido comentada como humillante, caminan, solo por placer, sobre el piso mojado que la mujer estaba limpiando. 

“Creen que tener dinero les da derecho a humillar a la gente, se les olvida que sin gente que haga ese trabajo ellos se desmoronarían, pues…”, comentó un usuario de Twitter al respecto.

“Querer hacerle bull(y)ing a una persona simplemente por tener un trabajo humilde es asqueante y bastante vergonzoso. Demuestra la pobre educación y sensibilidad que tienen como seres humanos”, dijo otra usuaria de esa red.

El caso, sin embargo, no es único y refleja lo que algunos especialistas de la conducta señalan como una muestra triste del clasismo y discriminación que subyace en la sociedad dominicana. Aún más, deja ver carencias formativas en muchos de esos jóvenes que pueden estar enfrentando, además, problemas de personalidad y psicológicas. 

Desde la red social TikTok se observan varios videos con contenidos que también entrañan burlas hacia seres en apariencia más humildes que quienes graban. 

En uno de ellos, un grupo de mozalbetes califican con número hasta diez a las chicas (implícitas en el video). Entre las razones por las que perderían puntos las jóvenes está el “ser prieta” o “no tener dinero”.

Otro audiovisual de la misma red, también muestra a otros chicos que hablan de las afecciones de salud que se evitarían, según ellos, porque no ligan con personas de determinado color de piel.

También hay otro video en el que un joven sale por las calles a grabar a personas a las que le va poniendo nombres que se le ocurren en medio de sus carcajadas. 

Desde el punto de vista de la psicología, la especialista Natasha Ramírez recuerda que la forma en que actúa una persona viene definida por factores sociales, económicos, educacionales y psicológicos. 

“Estamos en una era donde las redes sociales se han convertido en una parte muy importante en nuestras vidas, de hecho, muchas personas las emplean como una forma de subsistir. Una herramienta extremadamente positiva, pero con la que se corre el riesgo de no siempre obtener las reacciones que se espera y con ello dar paso a una serie de afecciones, especialmente a nivel emocional”, dice la psicóloga.

“Podemos hablar de carencias a nivel de personalidad o problemáticas en cuanto a la parte emocional. Influyen en el comportamiento aspecto como las creencias que se nos van inculcando de forma consciente o inconsciente, estilos de creencias que repercuten en la parte emocional del individuo y como resultado se emite una conducta específica”.

También advierte de cómo la presión constante de las redes, el ser tendencia a cualquier costo y alcanzar la mayor cantidad de views o likes, pueden llegar a hacer un daño significativo a cualquier persona que no tenga una personalidad bien formada o, por lo menos, medianamente estable.

Pero desde el punto de vista de la sociología, el profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, José Andújar, y Cándido Mercedes, plantean cuestiones de clases que todavía subyacen entre los dominicanos y que implica la negación de unos hacia los otros por razones económicas y de color.

“El racismo es reiterado, construido históricamente desde los grupos de poder, a pesar de ser una población mulata. Ha habido una construcción desde los grupos de poder de omisión de la africanía dominicana, que se traduce en una vieja polémica de si somos racistas o prejuiciados” Carlos Andújar Sociólogo

En el caso del clasismo o exclusión de las personas por ser del barrio o ser pobre, está apoyada en una movilidad social cerrada, señala Andújar, para quien los casos de los jóvenes de los videos no es más que la reproducción de esas ideologías que tienen sus altas y bajas en la sociedad dominicana de tiempo en tiempo.

 “Eso es el reflejo de lo que subyace en una parte de la población dominicana.  Una clase media que tiene los dos prejuicios: racial y clasista, pues quieren ser rico y blanco, porque se asume el color racial como forma de ascenso social”, lamenta.

También con aire de lamento, Mercedes plantea: “Esta es una sociedad con aporofobia, de desprecio al pobre. Cuando se discrimina hay violencia, y lo que vemos es una sociedad cada vez más intolerable, con crisis de confianza y de cohesión social”.

En su consideración, el dominicano discrimina mucho al pobre y al que es moreno, si está ligado a la pobreza. Eso, a pesar de ser una sociedad pobre y vulnerable.

Pero ¿qué ha pasado para que eso se haga más evidente en el entorno de las redes?

Mercedes lo atribuye a la crisis de confianza que existe en toda América Latina y sobre todo a las sensaciones que quedaron en el ser humano tras la pandemia del COVID-19, tales como la angustia, ansiedad, frustración, las que –dice- han empujado a unos individuos hacia la negación del otro.

“Una crisis de confianza y de cohesión social que hace que la discriminación en términos de clase aumente, y esa discriminación genera violencia. Eso que hacen esos jóvenes de clase media, tenemos que combatirlo y toda la sociedad ponerse de acuerdo para luchar en contra de esa discriminación”, enfatiza.

Pedir perdón

Los jóvenes que se mofan de la empleada salieron luego a pedir perdón en otro video. “Empezamos a bromear con ella de una forma amigable y nunca con la intención de faltarle al respeto ni que se sintiera mal… realmente me pasé, dije cosas bastante estúpidas. Cuando pisé el piso que ella estaba limpiando, realmente crucé una de las rallas que jamás, jamás debí cruzar”, admite uno de los jóvenes. Luego pide perdón, tanto a la joven como a la empresa y, en especial a sus padres, a los que define como personas humildes, agricultores y de “venir de abajo”. Este caso lleva a la psicóloga Natasha Ramírez a reflexionar sobre el uso que se hace de las redes sociales que, si bien son una buena herramienta, pueden ser utilizadas por personas con múltiples carencias. “La utilizan para perseguir unos objetivos individuales y muchas veces no se miden las consecuencias negativas que sus acciones puedan tener. Ya después que viene la presión y la reacción contraria a la que esperaban es que, entonces se producen las disculpas, las explicaciones, las justificaciones y los borrar el contenido o video, pensando que ya con eso se solucionaría el daño causado”, puntualiza.

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