Mientras para muchos Black Friday es la oportunidad ideal para suplirse de lo que necesitan a precios asequibles, hay para quienes esta festividad no es más que una excusa para alimentar su adicción a las compras, refugiándose en la idea de que lo hacen para aprovechar las ofertas y descuentos propios de la fecha.

Para la psicóloga Karem González, la oniomanía, mejor conocida como adicción a las compras, es una conducta mucho más común de lo que imaginamos. Esto, porque somos parte de una sociedad de consumo en la que tener mucho es un indicador de éxito y abundancia. “Hoy día, aprovechar una buena oferta, aunque no haya necesidad, no es algo que nos resulte raro ni extravagante”, indica.

La característica principal de la compra compulsiva es la obsesión por adquirir objetos no necesarios o inútiles y la incapacidad para controlar esos deseos. Así lo define la experta, al tiempo que agrega que para quienes se identifican con esta condición, la acción de comprar les resulta una forma de aliviar tensiones y generar placer. Sin embargo, se trata de una satisfacción a corto plazo, ya que seguido se tiende a experimentar sentimientos de culpa y vergüenza, causados por la imposibilidad de afrontar de manera eficaz este impulso.

Detrás de la oniomanía puede esconderse un problema de baja autoestima, situaciones personales con las que no se quiere lidiar, presencia de valores materiales o simplemente es la respuesta a la cultura de consumismo en la que vivimos, razones que terminan ejerciendo una fuerza mayor sobre el adicto que su propio deseo de controlarse.

Es por ello que González dice que, para hacer frente a la conducta adictiva y la compra compulsiva, se requiere obligatoriamente un abordaje psicoterapéutico para determinar el trasfondo, además de la contención de grupos familiares y de apoyo. “La fuerza de voluntad no es suficiente”, concluye la experta.

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