Lucrecia Rojas, una de las ex integrantes de la popular orqueste merenguera femenina “Las Chicas del Can”, sobrevivió a los dos atentados terroristas de Al Qaeda a las torres gemelas en el Centro Mundial de Comercio, el primero en febrero de 1993, y el segundo el 11 de septiembre de 2001.

Para entonces Lucrecia era la manager de una tienda de perfumes, llamada Milano Perfumería, propiedad de una prima suya ubicado en el primer nivel de una de las torres.
En el atentado en 1993 los terroristas usaron camionetas cargadas de dinamita que hicieron explotar en la parte baja de las torres, sin que ocurriera lo que sucedió en 2001, debido a que solo pudieron sacudir la estructura que se creía era indestructible.

Murieron seis víctimas y se responsabilizó a terroristas islámicos que residían en Estados Unidos, uno de ellos, Ramzi Yousef de Pakistán quien condujo la camioneta con la dinamita y logró huir a su país donde fue arrestado.

Eso llevó a Osama bin Laden a usar los aviones secuestrados para impactar los edificios con más de 100 pisos cada uno, y situados en el Distrito Financiero donde también se encuentra la Bolsa de Valores en la calle Wall Street.

El relato de la artista fue publicado en el periódico Chicago Tribune el 3 de septiembre de 2011 contando lo que vio y sufrió durante y después de la asonada terrorista.

Fue ubicada en el estado de Idaho donde reside junto a su esposo e hijos y es predicadora en una congregación evangélica en la ciudad de Boise.

Narró que como de costumbre llegó el fatídico 11 de septiembre 2001 a su trabajo a las siete de la mañana.

A las 8:46, sonó el estruendo que cambiaría su vida para siempre e hizo que le “tomara fobia” a Nueva York.

Dijo que la gente gritaba que era una bomba, el temor se esparció por todo el edificio y los empleados se abalanzaban en busca de la salida más cercana.

En tiempos normales, ella llegaba a esa salida en cinco minutos, pero entre la muchedumbre y el caos le tomó 15.

Cuando salió a la calle, se encontró con una escena que le provocó un shock.

“Había pedazos de gente en el suelo,” dijo. Un hombre que cayó frente a ella la traumatizó a tal nivel que no pudo volver a dormir durante un año.

“Nunca soltó el maletín. Fue como un pedazo de cristal al caer al suelo”, añadió. “Los seres humanos nos creemos tan fuertes y somos bien frágiles”.

“No sabíamos del avión que se había estrellado ahí, nada más sabía que tenía que correr”, relató. Escuchó los ruidos ensordecedores de los impactos de las aeronaves que los terroristas estrellaron contra las torres.

“Pasó mucho tiempo para que mi oído pudiera volver a escuchar normalmente”, dijo.

Relata que caminó todo el día hasta su casa en El Bronx, donde sus dos hijos la esperaban sin saber si estaba viva o muerta.

Este era el segundo atentado terrorista que sobrevivía Rojas en el WTC, donde había laborado por 17 años.

Rojas tomó a sus hijos y se los llevó al aeropuerto reabierto para regresar a República Dominicana.

“Yo lo único que quería era regresar a República Dominicana”, dijo. “Estaba muy desesperada que ni siquiera me di cuenta que tenía que comprar un boleto de ida y vuelta para mis hijos, que son ciudadanos americanos”, explicó.

“Llegué al mostrador de la línea aérea y me faltaban $100 dólares para completar el pasaje y le dije a la señorita que era sobreviviente de los atentados del World Trade Center que quería irme, y un señor me pagó lo que me faltaba”, cuenta Lucrecia.

Duró tres meses en su país y regresó a Nueva York donde se convirtió en una desamparada sin hogar y con numerosas deudas, ya que se fue con lo que llevaba puesto.

La Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) y la Cruz Roja Americana la ayudaron a conseguir un lugar donde vivir y a pagar la renta y terapia psicológica para ella y sus hijos.

Recordó que recibió unos 25,000 dólares en ayuda gubernamental y de otras agencias privadas.

En 2011 dijo que el Gobierno seguía pagándole parcial o la totalidad de la renta cuando estuviera desempleada por ser una sobreviviente de los ataques.

Pero también regresó a Nueva York en el mismo avión de American Airlines que explotó en noviembre de 2001 de camino a la República Dominicana.

“Me estaba haciendo daño la ciudad”, precisó Rojas.

El trauma de lo vivido el 11 de septiembre hizo que Rojas decidiera no seguir viviendo en Nueva York.

“Ya no quiero estar donde hay edificios grandes”, dijo. “Cada vez que estoy allá es revivir lo mismo que pasé, es un estrés psicológico”, le dijo al Chicago Tribune.

Visitó en tres ocasiones la Zona Cero.

“Me pongo a llorar y me da un dolor de cabeza que me dura dos meses”, dijo. “Fue terrible. Es algo que te marca para toda la vida, solo empiezo a recordar estar viendo puras almas humanas en pedacitos”.

Un año después de regresar a Nueva York, se mudó a Florida y ahora vive en Idaho, y es que en el campo abierto encontró la paz que no tenía en Manhattan.

El cambio en su vida no sólo ha sido físico, sino también espiritual.

Se casó con un ministro evangélico y actualmente es propietaria del salón de belleza “Taino´s Salón” en la ciudad de Boise, Idaho.

Junto a él, ofrece charlas de motivación y relata lo que ha vivido y cómo Dios ha obrado en su vida.

“Yo estoy segura que el Señor quería que me salvara de esa tragedia”, dijo.

También trabaja como maestra sustituta y estilista de belleza, recalcando que lo ocurrido el 11 de septiembre seguirá marcándola para toda la vida.

En cada aniversario del ataque a las torres, Rojas ella celebra un año más de vida y recuerda a todos los amigos, clientes y conocidos que perecieron en el golpe letal de los terroristas.

“Trato de no mirar las noticias de ese día y hacer conciencia en la gente de que la vida es valiosa, y que tenemos que aprovechar cada minuto que Dios nos da”, dijo.

Versión de Miguel Cruz Tejada

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