La nueva primera dama sentará un precedente en la historia. Doctora en humanidades y profesora de inglés, será la primera esposa de un presidente de Estados Unidos en ser primera dama con 69 años de edad que mantendrá un trabajo remunerado según comenta. “Soy una mujer trabajadora. Enseñar es mi pasión, es lo que amo hacer. Ha sido mi carrera y el mayor foco de mi vida, así que siento que puedo manejarlo y hacer todo lo que las primeras damas quieren hacer”, comentó en una entrevista con la revista Vogue.

Jill Jacobs es su nombre de pila, creció en los suburbios de Filadelfia, siendo la mayor de cuatro hermanos. Con 15 años obtuvo su primer trabajo para intentar independizarse de su familia. “Quería mi propio dinero, mi propia identidad, mi propia carrera”, contó a The New York Times en 2008. La maestra Jill Biden será la encargada de representar a su país. Abuela con casi 70 años de edad ya ha dicho que no piensa jubilarse.

Su estilo a la hora de vestir es natural; es una mujer que apuesta por la comodidad, propio de su profesión como maestra. Es una gran amante de los trajes chaqueta y los vestidos de estilo romántico florales, coloridos y a la rodilla; nada tiene que ver con el estilo de la primera dama saliente Melania Trump.

Tiene preferencia por los vestidos, zapatos de colores llamativos, no duda en aparecer ante los medios con sus zapatos de correr combinados con vestidos florales. Como buena runner, Jill sabe cuándo el calzado cómodo prima ante el estilo, no le preocupa repetir, cree en la moda sostenible y mira muy bien los precios a la hora de comprar. La hemos visto aparecer en actividades públicas con el mismo vestido en diferentes ocasiones, usa pocos accesorios, pequeños pendientes y su anillo de casada; lleva el pelo al natural, muy poco estructurado, dudo que dedique mucho tiempo frente al espejo en las mañanas. Es una mujer poco complicada con la ropa, aunque es obvio que busca la calidad.

En el primer debate del 30 de septiembre, la Dra. Jill Biden reutilizó un vestido de la diseñadora de origen uruguayo Gabriela Hearst que había usado antes, volvió a usar una prenda en lugar de comprar algo nuevo: esto dice mucho de su estilo relajado, una práctica sostenible que encaja muy bien tanto en el discurso actual por un consumo de moda más responsable como en el contexto de la grave crisis económica derivada de la pandemia.

Por lo visto Jill no usará la moda como un arma en contra del mundo. No se bañará en glamour ni se revestirá de firmas europeas, más bien apoyará el talento latino, eso podemos deducirlo por los últimos diseños utilizados. En su primera aparición, después de su esposo ser electo, la vimos en su casi rol de primera dama luciendo un diseño de Óscar de la Renta, con un corte asimétrico, mangas cortas, diseñado en crepé con mezcla de lana y flores bordadas y el complemento tendencia de los últimos meses: una mascarilla negra que hacía juego con su vestido.

Jill está consciente que la vestimenta es una herramienta de comunicación y por eso envía mensajes positivos y no controversiales a la hora de vestir. La noche de la victoria logró capturar la atención de todos con ese hermoso vestido de ODLR y, dicho sea de paso, el modelo causó tal furor en las mujeres que se agotó en un par de horas.

Con este y otros diseños latinoamericanos que ha usado envía un mensaje contundente, los Biden vinieron a unir al país y a dar oportunidades a los inmigrantes.

La autora, Marisol Almonte, es psicóloga, certificada como asesora de imagen y creadora del blog liderandocontacones.wordpress.com

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