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Esta historia es parte del especial “La música y el ocio en la era covid” de Diario Libre, realizado por Severo Rivera, Daniela Pujols, Jeury Frías y Mariela Mejía. Puedes leer las demás historias en los siguientes enlaces: La caída estrepitosa del entretenimiento por la pandemiaGrandes escenarios reducidos a la pantalla por un virus Las surrealistas maneras de volver a un concierto en la pandemiaMúsica urbana dominicana: la evolución de un género controversial y marginado
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Independientemente de los méritos que tienen los propulsores y creadores de la industria discográfica, la posibilidad de que las grabaciones de los artistas llegaran más allá de las ondas hertzianas al público constituyó un gran paso para la comunidad musical.

El fonógrafo, así como el cilindro y el tocadiscos, aparecieron en Estados Unidos en 1894, y en 1904 ya la compañía francesa Odeon daba la primicia con la presentación al mercado de los discos grabados en ambas caras, ya que los primeros circularon en Norteamérica y solo tenían un lado. El formato tenía 78 revoluciones por minutos o R. P. M., un estándar que posteriormente cambió a 33 1/3 revoluciones en 1948 de las manos del sello Columbia.

La competencia entre las empresas RCA Víctor o la Westrex Co. hicieron importantes aportes al uso de nuevas tecnologías que permitían la grabación a mayor velocidad como la de 45 R.P.M., en un disco de vinilo más pequeño, así como la disco de larga duración o LP.

La industria discográfica ha experimentado cambios sustanciales, los cuales han favorecido al negocio porque encontraron a un mercado que se fue adaptando a los cambios.

En el siglo XXI, artistas consagrados están volviendo a un estilo retro, grabando su música en vinilo. De alguna manera evocan al pasado, pero esta vez con una tecnología que permite una mejor calidad en el sonido. En la República Dominicana, Juan Luis Guerra es uno de los que ya ha grabado un disco en dicho formato además de tenerlo digital.

Mientras la industria avanzaba, comenzaron a llegar los primeros discos a la República Dominicana protagonizados por orquestas o agrupaciones que formaban parte del catálogo de esas firmas.

De acuerdo con una publicación del periódico Listín Diario del 8 de enero de 1913, en esa fecha llegaron al país los primeros 2,500 discos de la RCA Víctor. Danzones, zarzuelas, óperas, entre otro contenido, se podían encontrar en los discos.

Según reseñó el hoy fallecido historiador e intérprete lírico Arístides Incháustegui, en su libro El disco en República Dominicana, la primera referencia de la participación de un dominicano en un disco la registró el periódico El Progreso de La Vega el 19 de junio de 1915.

“En donde se señalaba que la Columbia Graphone Co. de Nueva York había enviado al señor Felipe O. Moya cuatro discos de gramófonos, con selecciones grabadas por el violinista y virtuoso mocano Gabriel del Orbe”, publicó.

Sin embargo, no fue hasta 1927 cuando se escuchó por primera vez la voz de un dominicano en un disco. Se trata de Antonio Mesa, nativo de Santa Bárbara, Ciudad Colonial. Su presencia en el famoso Trío Borinquen, de los puertorriqueños Rafael Hernández, Salvador Ithier y Manuel Jiménez, lo colocan en la historia al participar en la grabación del disco de la agrupación para el sello Columbia en la ciudad de Nueva York.

Mesa, considerado como el precursor de los bachateros “por el bajo nivel musical y literario”, fue uno de los protagonistas junto al Trío Borinquen, dando pie a una discusión pública en el país relativa por el contenido vulgar de la bamba “Menéalo que se empelota”, que interpretó junto a la agrupación.

Es precisamente a partir de ese momento, en 1928, cuando se reclamó una comisión gubernamental para que se encargara de censurar títulos como ese (años más tarde se creó la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía), que tenía música “inmoral”.

Tras su rol protagónico en el Trío Borinquen, Mesa volvió al país, dejando varias producciones musicales, y murió en medio de la pobreza.

Se registra el año 1928 como el punto de partida para las primeras grabaciones de la República Dominicana con los discos del Trío Quisqueya, los cuales hicieron la Orquesta Internacional de la RCA Víctor. Canciones de Juan Bautista Espínola comienzan a marcar el territorio de la música dominicana en los discos con grabaciones de danzones y merengues.

Ese mismo año comenzaron sus operaciones la emisora del Gobierno HIX, la cual se instaló por iniciativa de Manuel Emilio Nanita, pero sus primeros trabajos fueron desechados por la mala calidad de las grabaciones. Pero el 20 de septiembre de ese mismo año, la RCA Víctor anunció que estaban disponibles en su tienda de la República Dominicana los primero cuatro discos de canciones grabadas en el territorio nacional.

Aunque fueron grabados aquí, aún no existía en el país una fábrica de discos, por lo que hasta esa fecha tenían que ser prensados en Nueva York.

Se destacan el merengue “La rigola”, de Francisco A. Lora, la canción “La página primera”, de Piloló Ramírez, la criolla “Fellita”, de Porfirio Golibart, así como el bolero “No me dejen sola”, de J. E. Rodríguez (Feliche) el bolero “Ver si tienes corazón”, de Piro Valerio, y la criolla “No llores nunca”, del maestro Julio Alberto Hernández.

Los artistas que interpretaron las canciones fueron Eduardo Brito, Rafael Santana, Susano Planco, Enrique Pereyra, Porfirio Golibart, Bienvenido Troncoso, Salvador Sturla y Enrique García, entre otros.

“Debido a la pobreza técnica de estas primeras grabaciones en HIX, la RCA Víctor decidió llevar a Nueva York a un grupo de artistas para hacer nuevos discos en sus propios estudios en donde existía mayor calidad sonora”, refiere Incháustegui.

Asistieron Bienvenido Troncoso, Chita Jiménez, Enrique García y Eduardo Brito. Este último dejó impresionado a los ejecutivos de la empresa, lo que le valió contratos para su proyección mundial.

Las empresas extranjeras tenían el interés de promover determinados títulos. La situación cambió cuando en 1936 se inauguró la emisora HIN, conocida como “La voz del Partido Dominicano”. Entonces, el ingeniero Juan Salazar Hernández fabricó un equipo para la grabación directa de las canciones.

El experimento comenzó con los merengues “Benefactor”, de Agustín Ovalles (Papatín), y la grabación de comerciales para La Tabacalera, a cargo de Pedro Julio Santana.

El registro de la música popular dominicana en los discos de vinilo recibió el apoyo de la población que tenía poder adquisitivo, porque eran pocas las personas que disponían de un equipo reproductor. No obstante, las emisoras se encargaron de difundir la creación y avance de los artistas.

Entre las figuras que aportaron al desarrollo de la industria del disco en el país, aparece Leopoldo Sotokowski, quien llegó al país con la Orquesta Sinfónica de la Juventud Americana a bordo de un trasatlántico, en donde tenía un estudio de grabación. El hombre invitó al maestro Luis Alberti junto a su orquesta, y allí hicieron más de veinte composiciones, las cuales fueron prensadas en Nueva York.

La tiranía que encabezó el presidente Rafael Leónidas Trujillo Molina dedicó recursos a formación del talento artístico en la República Dominicana. No escatimó esfuerzo alguno para ello. La instalación en Bonao de La voz del Yuna en 1944 marcó una nueva era para los artistas en todas sus manifestaciones.

Desde allí el italiano Francesco Montelli se encargó de recuperar todas las grabaciones que habían hecho los artistas dominicanos, los que reunió en acetatos que posteriormente fueron sustraídos de las instalaciones de la hoy Corporación Estatal de Radio y Televisión.

En 1947 se creó en La voz del Yuna la Dominican Recording Co. El propósito era claro: promover a los artistas y grabar su música con el sello “Caracol”. Sin embargo, aún no se contaba en el país con la tecnología avanzada para el prensaje de los discos.

Entre otros grabaron con el sello discográfico de La voz del Yuna: Joseíto Mateo, Luis Kalaf y Jesús Fayette.

Más allá del sector oficial, desde el área privada comenzaron a realizarse otros esfuerzos a favor de la industria discográfica. En la emisora HIZ de Frank Hatton se desarrolló una labor importante en esa dirección.

El negocio del disco comenzó a cambiar con la participación de capital privado. Se destacan Luis Alberti, Julio Tonos, Antonio Morel, Discolandia, Amaro y Babín Echavarría, a través de sus discos “Flecha”; Radhamés Araceha con su sello Guarachita, Athala Blandino, Bartolo I, de Abraham Selman, Estudios Mozart, de Athala Blandino, Gemini, de Luis Vásquez, Fama Records, de César Suárez o Bienvenido Rodríguez, entre otros.

Fue el ingeniero Pedro Bonilla, presidente de la televisora Rahintel (hoy Antena 7) el que fundó en 1959 la Fábrica Dominicana de Disco. De las manos del técnico de grabación Fabio Inoa se elaboró el primer disco hecho en el país completamente.

Fue un sencillo de 45 R.P.M. editado bajo el sello SB (Solano-Bonilla) que tenía en un lado al bolemengue “Enamorada”, de Babín Echavarría, interpretado por el cuarteto Los Solmeños, y en la segunda cara a “Mi sueño”, de Radhamés Trujillo, con Fernando Casado en ambas interpretaciones y el acompañamiento del maestro Rafael Solano.

Ese mismo año salió el primer disco de larga duración, según los documentos de Arístides Incháustegui. Se trató de una producción de boleros protagonizada por figuras como Lope Balaguer, Elenita Santos, Fernando Casado y Gloria Mirabal.

El laureado maestro Rafael Solano, protagonista de primera línea de la historia musical dominicana, al recordar el primer disco que se hizo en el país dijo: “Lo hicimos nosotros, porque como siempre he dicho, no teníamos una compañía de discos que perdurara en el tiempo. El disco era lo principal para los cantantes; cuando alguien se nos acercaba nos preguntaban si teníamos alguna grabación. Nosotros hicimos ese disco, pero luego de eso creamos un sello que se llamaba Grabación de Artistas Dominicanos (Gada), la cual duró muy poco porque era con nuestros propios recursos. No contábamos con recursos para distribuirlo”.

En la conversación con Diario Libre, el autor de “Por amor” y otros éxitos musicales, contó que en una ocasión vino al país el cantante mexicano Marco Antonio Muñiz, cuando se hizo el Festival de la Canción en 1968. Él se enamoró de “Por amor” y fue el primero en grabarla, no su intérprete original Niní Cáffaro.

“Desde que llegó a México, la grabó para la RCA Víctor -recordó-, y por ahí es que comienza el éxito de nuestra canción. Eso son de los detalles que hemos tenido nosotros. Aquí tenemos que agradecerle a doña Muñeca Selman, que me grababa los discos, pero con la limitante de que no teníamos difusión internacional”, explicó.

Independientemente de las limitaciones, ya fuera a través de grabaciones elaboradas en el extranjero, Solano reconoció que los artistas de su generación tuvieron la oportunidad de tener sus discos.

“Yo debo reconocer el éxito que logró Eduardo Brito, cuyo éxito fue en España gracias a las grabaciones que le hicieron en el extranjero. Otro acontecimiento fue la oportunidad que tuvo el maestro Luis Alberti, al que le grabaron más de 20 discos en un barco que vino al país, el cual no pudo atracar en el muelle por su gran calado. Él y sus músicos fueron transportados en yolas a un estudio de grabación que tenía la embarcación. Esa música fue a Nueva York y luego se hicieron los discos”, apuntó.

El maestro Rafael Solano siente la satisfacción de haber grabado ese disco junto a su grupo Los Solmeños con la participación de su amigo, el destacado artista Fernando Casado.

“Estoy muy contento con ese acontecimiento porque se hizo un esfuerzo entre todos. En ese disco de 45 R.P.M se grabaron dos temas: “Enamorado”, de Babín Echavarría, y “Mi sueño”, de Radhamés Trujillo, interpretado por Fernando Casado.

El maestro Solano no está seguro de que el disco de acetato vuelva a reinar, pero afirma que hay personas que aseguran que tiene mejor fidelidad. “Pero hay quienes prefieren hacer un disco en vinilo, siempre y cuando cuenten con esos recursos para ello”, comenta.

Solano entiende que el futuro es gris para la música cuando se habla de grabaciones.

Aunque la República Dominicana nunca fue consideraba una plaza en donde se vendían muchos discos, sí lo fue como negocio para las grandes multinacionales de Estados Unidos. Como se ha podido ver en este relato, desde el comienzo de la industria se mostró interés por el talento dominicano e incluso se llegaron a instalar en el país representaciones.

Echar raíces en el país fue un gran negocio para ellos, porque comercializaban sus discos en la diáspora dominicana diseminada en los Estados Unidos, Puerto Rico y América Latina.

Cabe destacar la presencia aquí de sellos discográficos como el del cubano Mateo San Martín, quien por largos años tuvo un estrecho vínculo con la comunidad artística dominicana, así como también el sello J&N Records.

Una extensa lista de artistas ha hecho aportes trascendentales para mantener a la industria del disco durante varias décadas. Vale señalar, entre otros, a Johnny Ventura, Alberto Beltrán, Lope Balaguer, Fernando Casado, Rafael Solano, Félix del Rosario, Elenita Santos, Eduardo Brito, Wilfrido Vargas, Milly Quezada, Fernando Villalona, Dioni Fernández, Sergio Vargas, Víctor Víctor, Juan Luis Guerra, Rubby Pérez y Bonny Cepeda.

El negocio de la música cambió luego de los ataques terroristas que le dieron al corazón de la zona cero en la Nueva York y en otras ciudades el 11 de septiembre de 2001. Las principales disqueras del mundo y las que existían en el país se fueron a pique.

La situación provocó que las empresas solo se dedicaran a distribuir canciones y cambiaron el modelo de negocios con los artistas. Hoy tienen, además, una participación en la venta de su música en los espectáculos que protagonizan.

A esto hay que agregarle que, ante la ausencia de sellos discográficos, los propios artistas debieron crear sus propias empresas para poder mantenerse. Sus esfuerzos e inversión se desvanecen ante la falta de oportunidades, por lo menos para merengueros, solistas o bachateros, cuando no encuentran emisoras que coloquen en su programación sus propuestas, debido a que ya no difunden su contenido o deben pagar una suma para la promoción de su música.

En la República Dominicana han desaparecido las tiendas de discos. Ya todo está digitalizado. Unos que otros establecimientos ofrecen las placas musicales.

El maestro Manuel Tejada es una figura que no debe faltar cuando se repasa la historia en el país. Productor musical, arreglista y director de reconocidos intérpretes dominicanos y extranjeros, habla con propiedad sobre el futuro del negocio.

“Todo ha cambiado en este tiempo. Hoy no podemos hablar de un mercado de venta de discos, aunque actualmente hay una vuelta al mercado, al disco de pasta, pero es muy limitado porque es para coleccionistas”, comenta. “No creo que será un regreso masivo, sino que será para consumidores de música del que andan buscando un sonido más cálido… incluso existen aquellos a los que les gusta el sonido que emiten las agujas, a pesar de que ya se han desarrollado reproductores de disco de vinilo que no usan la aguja, sino un rayo láser, lo que mejora la calidad del sonido análogo”.

El negocio de hoy es el streaming, en donde se paga por un servicio para colocar la música, pero no se tiene la libertad de poderla tener guardada en un dispositivo personal.

En lo que tiene que ver con la nueva forma de la comercialización de la música en el país, considera que antes la gente disfrutaba de tener un cassette o un disco compacto. Pero reconoce que la nación ha experimentado los cambios que se han registrado en el mundo.

“Lo que sí veo hoy con los medios streaming es que, desde el punto de vista económico, es desventajoso, porque antes un compositor recibía 10 centavos de dólar por cada disco vendido, pero ahora, para tu obtener un dólar, tienes que esperar que siete mil personas escuchen tu canción. Eso ha sido violento para la industria porque no es solo obtener el éxito, sino los beneficios. Sin embargo, la parte buena es que hoy no tenemos que tener una oficina para la distribución física de la música, porque con el streaming los artistas están en todas partes a través de las tiendas digitales”, analiza.

La música no se detiene. Hoy más que nunca salen más artistas a tratar de conquistar sus sueños. El abanico es mucho más amplio porque el internet, independientemente del efecto nocivo de la piratería musical, es la plataforma por excelencia para que los artistas traten de conquistar a sus seguidores y posicionarse.

El país cuenta hoy con protagonistas de la música popular que abarcan a la bachata, el merengue, la salsa, solistas y la generación completa de la música urbana que se ha convertido en el sonido de este tiempo para una generación.

La cantidad de talento que ha sido protagonista de la historia del disco en la República Dominicana cuenta con relevo generacional que ya comenzó a construir la nueva historia de la música a través de las herramientas virtuales. Los que logren permanecer ocuparán los primeros lugares, los demás quedarán en el olvido y solo serán un número por la mala calidad de sus apuestas.

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