Que la piel es el órgano más grande del cuerpo suena a repetición; sin embargo, hay recordarlo porque en el día a día se nos puede olvidar que también cubre la cabeza, cubierta por cabello se vuelve invisible e ignorada.

Para el resto, la hidratamos y la protegemos del sol; mientras que la cabeza solo recibe atención principal la cabellera, lo cual es un tremendo error; porque en un cuero cabelludo sano está el secreto de tener un rápido crecimiento de la hebra, que nazca sana y que no se caiga antes de tiempo (promedio años).

Esta parte de la piel de sumamente delicada y el exceso de productos como tratamientos profundos, laceadores, tintes, tratamientos sin enjuagar y cuántas cosas aparezcan comienzan a convivir diariamente con la grasa natural que se desprende. Como resultado provoca que los poros se tapen y las desafortunadas consecuencias no hacen esperar: Hebras más finas, crecimiento lento y caída extrema.

Agredirlo raspándolo con un peine y hasta con las uñas, solo lo empeora más. La solución es que al menos una vez al mes le permitas respirar a través de una correcta higiene que garantice que las células muertas del área sean eliminadas.

La exfoliación también permitirá que el exceso de productos y agentes del medio ambiente sean removidos. No es una tarea maratónica sino que te acuerdes de pedirle a tu peluquera que lo haga o tu misma en la casa cuando te vayas a lavar la cabeza.

A pesar de que existen productos en el mercado muy buenos de los que puedes echar mano, también los hay naturales como el aloe vera con azúcar; borra de café con champú o con aceite de coco.

Para hacerla trazas líneas y en ellas aplicas el producto; para luego con la ayuda de las yemas de los dedos frotar con movimientos circulares que, mientras remueven las impurezas, activará la circulación de la sangre; que es ideal para el crecimiento del cabello.

Haz esto durante 10 o 15 minutos; lava como de costumbre y acondiciona.

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