El director ejecutivo de la WTA, Steve Simon, un dirigente tenístico innovador con convicciones progresistas, ha plantado cara a China por la desaparición de la jugadora Peng Shuai con una contundencia inusual para un jefe de un organismo deportivo mundial.

Simon convirtió a China en la principal fuente de ingresos del circuito del tenis femenino, especialmente con la firma en 2018 de un lucrativo contrato para hospedar en la ciudad de Shenzhen durante una década las WTA Finals, el tradicional evento de final de temporada.

Al firmar esos acuerdos, que incluyen otros nueve torneos en territorio chino con una dotación total de unos 30 millones de dólares, el ejecutivo estadounidense posiblemente no consideró que se trataba de una estrategia arriesgada pero tres años después se ha topado con una inesperada situación.

Los intereses financieros del circuito en el gigante asiático se ven amenazados por las posibles consecuencias de la desaparición de la china Peng Shuai.

La antigua número uno mundial en dobles se encuentra en paradero desconocido desde que a principios de noviembre acusó a un ex alto cargo del Partido Comunista Chino, Zhang Gaoli, de obligarla a mantener relaciones sexuales.

En medio de una creciente indignación que sobrepasa el mundo del tenis, Simon asumió una postura insólita en las relaciones que los distintos organismos deportivos mundiales mantienen con Pekín y amenazó con retirar al país del circuito femenino.

Intereses en juego

“Estamos dispuestos a retirar nuestro negocio y a hacer frente a todas las complicaciones que se derivan porque esto es más importante que el negocio”, dijo Simons el jueves a CNN en referencia a las acusaciones de Shuai.

“Las mujeres deben ser respetadas y no censuradas”, subrayó el dirigente, que reclamó información sobre el paradero de la tenista y una investigación “transparente y justa” de su denuncia, como hicieron después gobiernos como el de Estados Unidos.

Mientras el Comité Olímpico Internacional (COI) es señalado por su silencio sobre el caso, a tres meses de que se celebren los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, la WTA ha asumido un liderazgo en este caso que ha llenado de “orgullo” a la legendaria extenista Billie Jean King, fundadora del organismo en 1973 e incansable defensora de la igualdad de género.

Al igual que otras figuras como Serena Williams, King respaldó en 2015 el nombramiento de Simons como jefe de la WTA.

Y ahora no le sorprende que el dirigente haya dado una respuesta aún más audaz a Pekín que la del comisionado de la NBA, Adam Silver, quien en 2019 se negó a pedir disculpas y sancionar al ejecutivo Daryl Morey (Houston Rockets) por un mensaje de apoyo a las manifestaciones en Hong Kong.

Simons, californiano de 66 años, entró en el mundo del tenis en 1989 como comercial del torneo de Indian Wells tras seis años en Adidas.

En 2004 asumió la dirección de Indian Wells y contribuyó a convertirlo en uno de los eventos más prestigiosos después de los Grand Slam, con un énfasis en la innovación, al ser el primer torneo tenístico en adoptar la tecnología “ojo de halcón” en todas las pistas.

Simons también tuvo un papel determinante para que Serena Williams volviera a competir en Indian Wells en 2015, acabando con un boicot de 14 años de la jugadora por el “racismo percibido” desde las gradas hacia ella y su hermana Venus en la edición de 2001.

“Steve no podría haber sido más útil, profesional y comprensivo”, dijo en 2015 Serena. “Sé lo mucho que le importa la opinión de las jugadoras. Nos escucha, tiene nuestros mejores intereses en mente”.

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