Con una trama que incursiona en la magia y la espiritualidad para mostrar al líder mesiánico a través de los ojos de los miembros de su comunidad, el cineasta dominicano ha creado una película que ya ha recibido varios reconocimientos internacionales. Aun así, este es solo el inicio para Nino Martínez Sosa como director.

—¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste la historia de Liborio?

Esa es una pregunta difícil porque escuché por primera vez de Liborio cuando era niño por una de mis abuelas que era sanjuanera, y ella tenía un pequeño altar en la habitación y ella creía en nuestra religiosidad popular. Es probable que la primera vez que oí de Liborio fue por ella y por otro lado estaba la canción de Luis Díaz, pero cuando realmente entro de lleno a entender a la dimensión de Liborio fue con un congreso que hubo en el Museo del Hombre Dominicano al que asistí en el 2012. Ahí hablaron un montón de historiadores, antropólogos y sociólogos, Carlos Andújar me recuerdo que dije: “Si ustedes quieren saber de verdad sobre Liborio no tienen que quedarse aquí, tienen que ir este fin de semana a la Agüita de Liborio porque es San Juan Bautista, las fiestas patronales de la provincia y ahí va a haber fiestas de palo”. Yo le tomé la palabra, cogí una cámara y arranqué para allá.

—¿Cómo te involucraste con la película?

Llevo haciendo cine hace 20 años, tenía muy claro que quería dirigir y andaba buscando un proyecto. Cuando Liborio llega a mi vida ya yo entiendo que es ese proyecto por varias razones, porque me interesa mucho la búsqueda de identidad. Yo como emigrante también estoy constantemente preguntándome quién soy, de dónde vengo y creo que Liborio me ayudaba a responder esas preguntas o por lo menos a indagar sobre ellas. No me da una respuesta, pero sí abre la pregunta. También es un personaje que es muy rico, que está lleno de contrastes porque hay tantas versiones. Entonces el proyecto comenzó a crecer en función de eso.

—¿Qué nos puedes decir del proceso por el que pasó el guion del filme?

El primer guion era un biopic, era un guion narrativo, pero la película que nosotros queríamos hacer después tenía que ver más con la comunidad que con el personaje, tenía que ver más con la experiencia que con el mero hecho de contar una historia. Era intentar de utilizar el cine como un vehículo de generar experiencias que cambien a las personas. Esa es una de las funciones del arte. Ahí el proyecto comenzó a cambiar y a convertirse en algo mucho más barroco como somos los caribeños. Luego en un momento dado deconstruimos la historia y ya Liborio era el eje central y la comunidad se convirtió en el protagonista. Yo tengo la idea de que el cine y más esta película en específico que tiene que ver con la libertad creativa, que el cine tiene que ser un camino hacia la libertad.

—Tienes una amplia experiencia como editor. ¿Qué te hizo tomar la decisión de dirigir una película?

Yo siempre quise ser director. Cuando yo comencé esto era para dirigir películas. La edición fue como en vez de hacer el camino recto, hice el camino parabólico. A mí la edición me gustaba mucho desde antes porque el editor es un coescritor de la película y es quien define la forma final. La espinita por dirigir la tenía clavada desde siempre. Yo creo que dirigir es dirigir recursos humanos e intentar buscar la verdad en los ojos de los actores. Yo intentaba tener al equipo conectado y presente. Les di libertad y los escuché. El cine una cosa coral y al fin y al cabo el director es el caudal en el que desembocan todos los arroyos que van a la película.

—¿Por qué crees que el mito Liborio atrae a la gente ?

El mito de Liborio es inmortal porque habla sobre la esperanza y la libertad. Liborio es el hombre que trasciende la muerte, es lo inmortal, es la esperanza, es lo que nunca muere. Creo que mientras alguien crea, aquello va a seguir vivo y creer no es creer en la persona física, es creer en la idea de que tú puedes estar mejor. Tiene que ver con la idea del cambio y la idea del control de tu propia vida. Hoy creo que eso era lo que Liborio proponía y también eso es lo que nosotros intentamos transmitir en la película, que Liborio era un agente de cambio y enseñaba a los otros a tomar el control de su vida. Ese es el Liborio que proponemos. La película no vende un Liborio histórico, ni una verdad absoluta, es más bien de intentar acercarnos a la idea de que juntos somos más fuertes y a la esperanza del cambio.

Por años Nino Martínez Sosa ha estado involucrado en el mundo del cine como editor ayudando a otros creadores a darle forma a sus relatos, pero desde un principio siempre estuvo presente el deseo de contar su propia historia, solo esperaba la oportunidad para hacer lo suyo. Esta oportunidad apareció con “Liborio”, filme escrito y dirigido por Martínez Sosa y que está basado en la vida del mítico Papá Liborio. Con una trama que incursiona en la magia y la espiritualidad para mostrar al líder mesiánico a través de los ojos de los miembros de su comunidad, el cineasta dominicano ha creado una película que ya ha recibido varios reconocimientos internacionales. Aun así, este es solo el inicio para Nino Martínez Sosa en su etapa como director.

—¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste la historia de Liborio?

Esa es una pregunta difícil porque escuché por primera vez de Liborio cuando era niño por una de mis abuelas que era sanjuanera, y ella tenía un pequeño altar en la habitación y ella creía en nuestra religiosidad popular, tenía esa fe en santos, en las imágenes y todo esto. Es probable que la primera vez que oí de Liborio fue por ella y por otro lado estaba la canción de Luis Díaz. Para mí el mito de Liborio es precisamente el hombre que no muere y que era esta mezcla de líder carismático, mesiánico con algo de guerrillero, reivindicativo y cimarrón. Pero cuando realmente entro de lleno a entender a la dimensión de Liborio fue con un congreso que hubo en el Museo del Hombre Dominicano al que asistí en el 2012. Ahí hablaron un montón de historiadores, antropólogos y sociólogos, Carlos Andújar me recuerdo que dije que “si ustedes quieren saber de verdad sobre Liborio no tienen que quedarse aquí, tienen que ir este fin de semana a la Agüita de Liborio porque es San Juan Bautista, las fiestas patronales de la provincia y ahí va a haber fiestas de palo”. Yo le tomé la palabra, cogí una cámara y arranqué para allá y entonces el conocimiento sobre Liborio me vino por esos dos caminos. Por un lado, la búsqueda histórica antropológica con una mirada más objetiva y por otro lado lo vivencial de estar inmerso en los rituales de las comunidades liboristas.

—¿Cómo te involucraste con el proyecto de la película?

Una vez voy y conozco las comunidades y me enamoro del personaje, comienzo a buscar textos y a leer, ya entiendo que va a ser mi primera película de ficción. Llevo haciendo cine hace 20 años, tenía muy claro que quería dirigir y andaba buscando un proyecto. Cuando Liborio llega a mi vida ya yo entiendo que es ese proyecto por varias razones, porque me interesa mucho la búsqueda de identidad. Yo como emigrante también estoy constantemente preguntándome quién soy, de dónde vengo y creo que Liborio me ayudaba a responder esas preguntas o por lo menos a indagar sobre ellas. No me da una respuesta, pero sí abre la pregunta. También es un personaje que es muy rico, que está lleno de contrastes porque hay tantas versiones. Entonces el proyecto comenzó a crecer en función de eso.

—¿Qué nos puedes decir del proceso por el que pasó el guion del filme?

El primer guion era un biopic, era un guion narrativo, pero la película que nosotros queríamos hacer después fuimos encontrando que tenía que ver más con la comunidad que con el personaje, tenía que ver más con la experiencia que con el mero hecho de contar una historia, de intentar de utilizar el cine como un vehículo ritual, como un vehículo de generar experiencias que cambien a las personas. Esa es una de las funciones del arte. Ahí el proyecto comenzó a cambiar y a convertirse en algo mucho más barroco como somos los caribeños. Luego en un momento dado deconstruímos la historia y ya Liborio era el eje central y la comunidad se convirtió en el protagonista. Yo tengo la idea de que el cine y más esta película en específico que tiene que ver con la libertad creativa, que el cine tiene que ser un camino hacia la libertad.

—Tienes una amplia experiencia en el cine, pero como editor. ¿Qué te hizo tomar la decisión de dirigir una película?

Yo siempre quise ser director. Cuando yo comencé esto era para dirigir películas. La edición fue como en vez de hacer el camino recto, hice el camino parabólico. A mí la edición me gustaba mucho desde antes porque me gustan mucho los aspectos técnicos y tecnológicos. Y entendí, y por suerte en la escuela de Cuba te lo enseñan así, que el editor es una persona sumamente creativa, es un coescritor de la película y es quien define la forma final. El trabajo de edición te enseña muchísimo de dirección de actores, porque tú aprendes a juzgar a los actores y desarrollar ese ojo de qué funciona, qué no funciona, qué te gusta, qué no te gusta, y también te hace crear una poética del lenguaje cinematográfico. Aprendes a manejar el tiempo y los silencios y creo que de eso va la cosa. La espinita por dirigir la tenía clavada desde siempre. Estaba esperando el momento, lo que pasa es que uno se mete en un millón de cosas y va postergando y postergando y postergando. Cuando vienes a ver, dices es que yo no me he sentado a hacer lo mío y en ese momento fue que me senté por primera vez y me vi al espejo y dije, oye, ya ponte las pilas fue que hice “La ventana de nena” que fue un mediometraje sobre la diáspora dominicana en Estados Unidos. Fue autorreferencial, sobre mi familia paterna y fue muy difícil el hacerlo sobre uno mismo y sobre todo meter ahí a mi familia. Con “Liborio” fue como mucho más fácil en ese sentido, pero dirigir un equipo de 45 de personas dirigir actores es complicado. Yo creo que dirigir es dirigir recursos humanos, o sea, que partes de las personas y que intentar buscar la verdad en los ojos de los actores. Yo intentaba tener al equipo feliz, conectado y presente, que estuvieran ahí, que no estuvieran pensando en mañana o pasado mañana, si no el presente y darles libertad y escucharlos. El cine una cosa coral y al fin y al cabo el director es el caudal en el que desembocan todos los arroyos que van a la película.

—¿Qué lección has aprendido como director en esta película y como las aplicaría en tu próximo proyecto?

Yo aprendí que el cine es un camino hacia la renuncia. Uno tiene que estar dispuesto a renunciar a todo. Como editor más o menos lo intuyes, pero realmente el que está renunciando es el director, porque todo es un camino cuesta arriba, siempre hay problema de todo tipo, de producción, de técnico y a lo único que no puedes renunciar es el corazón de tu película. Es lo que termina quedando, eso es lo irrenunciable.

—¿Por qué crees que el mito Liborio atrae a la gente y que sea que se puede aprender de su historia?

El mito de Liborio es inmortal porque habla sobre la esperanza y la libertad. Liborio es el hombre que trasciende la muerte, es lo inmortal, es la esperanza, es lo que nunca muere. Entonces ¿qué se puede aprender de él? Pues eso yo creo básicamente mientras alguien crea, aquello va a seguir vivo y creer no es creer en la persona física, es creer en la idea de que tú puedes estar mejor. Tiene que ver con la idea del cambio y la idea del control de tu propia vida. Hoy creo que eso era lo que Liborio proponía y también eso es lo que nosotros intentamos transmitir en la película, que Liborio era una persona era un agente de cambio era una persona que abría caminos y sobre todo que enseñaba a los otros a tomar el control de su vida. Ese es Liborio que nosotros proponemos. La película no vende un Liborio histórico, ni vende una verdad absoluta, es más bien de intentar acercarnos a la idea de que juntos somos más fuertes y a la esperanza del cambio.

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