La vida de la Tierra depende directamente de sus procesos naturales y cómo los seres humanos administremos los recursos que ha puesto en nuestras manos. Hoy, Día Mundial del Medio Ambiente, llega, como en años pasados, en medio de la preocupación del cambio climático y sus efectos, por lo que cada vez son más los retos que necesitan del compromiso de todos los que habitamos el planeta.

Urge restaurar los ecosistemas, de hecho, es una prioridad en el programa de las Naciones Unidas, organización que hoy lanza la propuesta para los 10 próximos años, en busca de prevenir, detener y revertir la degradación de los continentes y océanos; lo cual evitaría la extinción masiva.

No hay que ser científicos para acatar estas medidas, ni esperar a que llegue enero para aplicarlas como propósito de un nuevo año. Es una decisión de ya mismo, desde nuestros hogares y en todo nuestro diario vivir, recordando que es posible darle vida a la vida reduciendo la huella negativa que dejamos en el mundo. Esto se puede lograr a través de buenas prácticas como las que nos recomiendan la ambientalista Paola Tineo, la periodista audiovisual Silvia Camacho y la especialista en comunicación y sostenibilidad Yanela Zapata.

En cada compra del supermercado fácilmente acumulas unas 15, 20 o hasta 30 fundas de plástico de un solo uso, que luego fácilmente terminan siendo fundas de basura, cuyo destino final resulta ser un vertedero donde no se degradan durante años. Un paso simple, pero importante, es adquirir algunas fundas de tela o de plástico resistente y reusable que sirvan como bolsas para hacer las compras, no sólo del supermercado, sino también compras variadas (como ropas, artículos del hogar). Si se quiere ir más allá, también recomiendo la adquisición de tus propias bolsas de tela para sustituir las bolsas de plástico que suelen usarse a la hora de pesar vegetales o frutas en el supermercado. Es decir, con estas bolsas se puede llegar al supermercado y decirle a la cajera: “muchas gracias, pero yo traje las mías”. Esta práctica no sólo ayuda al medio ambiente, también sirve para organizar mejor tus compras y cargar con menos fundas, pues te permite englobar en menos paquetes alimentos del mismo tipo.

En casa, cada persona tiene su termo de agua, con el que debe cargar dentro y fuera del hogar. Esto nos evita caer en la tentación de comprar botellas de agua de plástico en la calle y, al mismo tiempo, al tener siempre su propia agua a mano, nos motiva a consumir más líquidos durante las jornadas en la calle.

¿Has calculado cuántos de tus alimentos frescos o empacados terminan en la basura? Cuando hicimos el ejercicio en casa, nos dimos cuenta de que la mayoría de las razones se debían al poco cálculo y organización de las comidas. Tener conciencia de lo que se compra en el supermercado y una planificación de los menús semanales previene el desperdicio de alimentos. Prevenir el desperdicio de alimentos es una medida sostenible, pues con esto hacemos frente a los patrones de grandes consumos sin necesidad.

Usar las luces cuando sea realmente necesario no sólo representa un ahorro para los bolsillos del hogar. Aprovechar la luz natural y controlar el apagado y encendido de aparatos eléctricos aporta al uso eficiente de la energía eléctrica, y con esto se contribuye a reducir el impacto en el medio ambiente. Asimismo, la adquisición de electrodomésticos de mayor eficiencia energética es una medida que a largo plazo compensa la economía familiar y reduce la huella ecológica del hogar.

5. Revisa los materiales escolares pasados y reutiliza los que están en buenas condiciones

Cada año escolar surge la necesidad de comprar los útiles escolares; muchos de ellos son los mismos. Comprar todo nuevo no es necesario. Hacer el ejercicio de revisar las listas de materiales escolares y ver lo que tenemos en casa, nos ayuda a reducir el consumo y adquirir lo necesario.

En nuestro país la clasificación de desechos es una tarea aún difícil. Cada vez hay más opciones y puntos de recepción de plásticos, cartones, latas, cristales y otros materiales, pero aun así requiere de un compromiso familiar para tener esa logística de depósito cada semana, quincena o mes. Sin embargo, lo que sí está más a nuestro alcance es evitar el consumo de alimentos o artículos cuyos empaques no se degraden. El empaque más común y que mucho daño hace es el foam, que se suele utilizar al momento de organizar actividades familiares o festivas. Optar por desechables de cartón o utensilios en madera, cristal o de plástico reusable es una decisión que aporta mucho a la reducción de nuestra huella ecológica.

El uso de servilletas de papel es una práctica muy común en los hogares. Las venden con diferentes diseños y resultan muy atractivas y prácticas. Las compras, las usas y las desechas… pero no desaparecen tan fácilmente. Por eso, optar por usar servilletas de tela para comer diariamente es una buena práctica. Las puedes hacer por tu propia cuenta o mandarlas a hacer del tipo de tela y color que prefieras, e incluso, diferenciarlas según el miembro de la familia, como por ejemplo, asignarle una servilleta a cada quien según el color.

¿Cuántas veces al año se recomienda cambiar el cepillo de dientes? Según los consejos de odontólogos, debe ser cambiado al menos cada tres meses. Es decir, que un cepillo de dientes de plástico al menos cada tres meses termina en la basura. Aun si decides darle un segundo uso, tarde o temprano, terminará en la basura y ahí persistirá por muchos años. Una buena práctica para evitar esto es el uso de cepillos de dientes de bambú y fibras naturales, que cumpla con los estándares de la odontología y que, al final, te dejará la conciencia tranquila, al saber que su regreso al medio ambiente no será perjudicial.

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