El cineasta Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha, presenta un retrato honesto y conmovedor sobre los últimos días de sus padres en “Gabo y Mercedes: Una despedida”.

La crónica, publicada en español por Penguin Random House (y en inglés por HarperVia bajo el título de “A Farewell to Gabo and Mercedes: A Son’s Memoir”), es una especie de cierre emocional que los lectores de García Márquez quizá no habían pedido, pero se darán cuenta que necesitaban.

Si la muerte de un padre es siempre difícil, la de un escritor laureado con el Nobel de Literatura conlleva preparativos y una cantidad impresionante de personas, como lo deja ver García.

“Leo tantas versiones como puedo, cada periódico enfatiza distintos aspectos de su vida o de sus logros. Una vez más, me esfuerzo por conciliar a esta persona que aparece en la prensa con aquella con la que pasé las últimas semanas, enferma, moribunda, y finalmente convertida en cenizas en una caja. Y con el papá de mi infancia, aquel que eventualmente se convirtió en mi hijo y en el de mi hermano”, escribe García.

El autor llegó a sentir un poco de culpa, pues no quería escribir algo que pudiera traicionar la vida de su familia. En un principio, no tenía claro si lo iba a publicar o cómo iba a ser el resultado final. También sabía que no quería publicarlo mientras su madre lo pudiera leer.

“No porque hubiera ahí nada particularmente chismoso, pero finalmente era la vida privada”, dijo.

Sólo hasta que su madre murió el año pasado, a causa de tabaquismo, se dio cuenta de cuál era el tema que le interesaba contar: la despedida de ambos padres, pues su familia había sido, junto con su hermano Gonzalo, un “Club de los Cuatro”. El resto de sus parientes vivían en Colombia.

“Es un poco la historia de cómo murieron los dos fundadores del Club de los Cuatro”, dijo García. “No quería hacer un libro sobre la muerte del padre famoso, sino quería escribir algo sobre la despedida de ambos”.

García Márquez se casó con Barcha en 1958 y, a diferencia de otros autores de su generación como Octavio Paz, Carlos Fuentes o Mario Vargas Llosa, se quedó con su primera esposa. García destacó que su madre “necesitaba carácter” para la vida que llevaban, pero logró florecer de una chica de la provincia colombiana nacida en la década de 1930, hasta desenvolverse con naturalidad con presidentes y otras figuras internacionales, como se ve en el funeral del autor.

“Su mundo era complicado: el éxito, la fama y los viajes y las responsabilidades. Y Mercedes era en gran parte la domadora de todo eso”, dijo. “Viajó muy lejos… El recorrido fue enorme y llegó a estar Mercedes muy cómoda en situaciones con gente de talla mundial”.

En su relato, García también aborda la pérdida de memoria que padeció García Márquez años antes de fallecer el 17 de abril de 2014, algo que le causó mucho dolor, pues sabía que se estaba quedando sin la “materia prima” de sus historias: “Mi padre estaba plenamente consciente de que la memoria se le esfumaba. El precio de ver a una persona en ese estado de ansiedad y tener que tolerar sus interminables repeticiones una y otra y otra vez es enorme”, escribe en el libro.

“Habíamos tenido ya una especie de predespedida con la pérdida de memoria”, dijo. “Al final ya por suerte no tenía el sufrimiento de esa consciencia de la pérdida (de memoria)”.

Pero si algo tenía claro García Márquez, era que quería pasar sus últimos días en México, el país al que emigró en la década de 1960 y donde escribió su obra cumbre “Cien años de soledad”.

“Siempre le gustó México, siempre estuvo muy a gusto. México era más tranquilo que Colombia”, dijo García. “Al final él estaba donde se sentía en casa, que era la casa de México, que es donde más tiempo pasó”.

Como en cualquier funeral latinoamericano, el humor en el libro no podía faltar. Hay momentos en los que García recuerda las ocurrencias de su padre y observa con ligereza estos últimos momentos de su vida compartidos con familiares y amigos.

“Definitivamente es muy latinoamericano”, dijo. “Pensar que se va a enterrar o que se va a reducir a kilo y medio de cenizas, son cosas tan absurdas que hay que reírse un poco, no se puede procesar sólo con la seriedad”.

García, quien ha desarrollado una carrera como cineasta en Los Ángeles con películas como “Four Good Days” y “Nine Lives”, incluye algunas fotografías familiares: de la boda de sus padres, del funeral, y una bella imagen de una ofrenda de Día de Muertos dedicada a sus progenitores. El autor grabó también la versión en audiolibro de “Gabo y Mercedes”.

Comparte que su padre le decía que, escribiera lo que escribiera, tenía que ser bueno. Al hacer el libro, dijo, estaba consciente de que no sería difícil publicarlo por tratarse de García Márquez, pero se esforzó por que fuera lo mejor posible, al tiempo que reconciliaba a la figura pública con la figura paternal.

“Eso fue un proceso que duró toda la vida, quizá más a medida que se volvía él más famoso”, dijo. “No eran literalmente diferentes personas, pero sí tenía que interpretar diferentes papeles”.

Ahora, como guardián del legado de su padre junto con su hermano Gonzalo, García no se siente con una carga.

“El nombre y la obra de Gabo está tan establecido”, dijo. “Tiene mucho vuelo y encuentra nuevas etapas. Ahora uno de su población de lectores más grande y poderosa es en China”.

Otro de los sitios hasta donde llegará el universo de García Márquez es el terreno del streaming. Una adaptación de “Cien años de soledad” llegaría a Netflix como serie limitada. Actualmente en preproducción, aún no tiene fecha de estreno.

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