Hace seis años que la vida de algunos de los moradores de la Vieja Barquita comenzó a cambiar en el nuevo proyecto construido por el gobierno de entonces, pero en otros la vida sigue igual y hasta peor que cuando vivían en hacinamiento.

Desde aquel 29 de junio de 2016,  las 1,787 familias sacadas de la zona más vulnerable que existía entonces en el Gran Santo Domingo conviven es un espacio construido con los requerimientos necesarios para una buena convivencia.

El cambio ha sido radical y los beneficiados del proyecto cuentan con todo lo que se necesita para vivir: escuelas, liceos, centro comunal, estancias infantiles, centro tecnológico,  centro de salud, área de deporte de recreación, iglesia y hasta una ruta exclusiva de transporte que conecta con el Metro.

La mayoría de las familias han acogido la capacitación y orientación que cada una recibió antes de entregarles su apartamento, pero muchos no han acatado las normas y continúan viviendo sin orden, sin el respeto al vecino y a los espacios comunes.

El sacerdote Gregorio Alegría, presidente del Patronato Nueva Barquita, cita entre los males el proceso de adaptación de algunos, de la falta de conciencia de que hay normas con las que hay que cumplir, pero considera que se ha avanzado.

“Son seis años de adaptación a una nueva realidad, quien conoció la Vieja Barquita y conoce la Nueva sabe que no es fácil adaptarse de una realidad en la que siempre hemos vividos a una nueva que se nos presenta. Ha habido muchos momentos de adaptación difíciles y los hay todavía a la hora de convivir, de que las personas vivan en apartamentos, que tengan luz, agua, escaleras y, sobre todo, el problema de la convivencia, del mantenimiento de las cosas”, planteó.

Consideró que algunas personas no entienden que su derecho termina cuando comienza el del otro, que existen leyes y normas que hay que respetar, que se vive en comunidad, que existen leyes que protegen la vida y los bienes.

Sostuvo que no se ha superado el pago de los servicios y que el Estado y algunas instituciones han tenido que asumir ese costo. Indicó que falta educación, formación y respeto a los derechos fundamentales para que haya paz, armonía y convivencia.

“Yo he intentado colaborar en lo que me han pedido, antes de empezar el proyecto yo trabaja en la Vieja Barquita, había muchas actividades que teníamos en la Barquita Vieja, entonces me he sentido una persona más con un trabajo, un oficio, un servicio, una misión de los Padres Paules”.

Destaca el religioso que es la primera vez que se celebra un aniversario por la Nueva Barquita y que para la ocasión prepararon una serie de actividades con moradores para recordar esos seis primeros años de convivencia.

Josefina Madé, una líder comunitaria, explicó que dan gracias a Dios por el proyecto, pero que hay cosas que no están funcionando como debía,  como es el caso de una escuela primaria que tiene cuatro años en construcción y el hospital de especialidades que no funciona como se debe porque los médicos van un mes y se pasan dos sin volver.

Otro problema es el de la basura, que aunque la recogen, no se hace el trabajo como se debe porque no envían camiones compactadores, por lo que algunos dejan residuos pestilentes en algunos lugares.  

“Lo más grave es que los más viejitos quieren vender porque no pueden dormir por el ruido de los motores a altas horas de la noche, la bulla, aunque hay policía algunas personas no respetan eso”, dijo.

Existen dos destacamentos, uno de la Policía y otro de la Armada que trabajan por mantener el orden y como dice el director de la Policía Comunitaria, coronel Frank de los Santos, los problemas se están controlando.

 Sostuvo que por instrucciones del director de la Policía, mayor general Eduardo Alberto Then, han desarrollado una serie de actividades para generar confianza en una Policía más cercana a la gente. Destacó que los agentes tienen absoluto control para cumplir con las instrucciones del patronato como permitir la entrada y salida de mudanzas, entre otras responsabilidades.

Sin embargo, el dirigente comunitario Rafael Holguín dijo que la Policía necesita de vehículos para poder hacer un mejor trabajo. Reconoce la disponibilidad de los agentes, pero refirió que “están a pie”, por lo que solicita al director que asigne vehículos a los agentes.

Sostuvo que el cambio de vida ha sido el cielo a la tierra y que con esfuerzo y mucha lucha han logrado mejorar la situación en la Nueva Barquita. “No se creía que una persona sacada de la orilla del río a un apartamento, a otra vida se iba a mantener en un proyecto en las condiciones de este, nos sentimos orgullos del apoyo que hemos recibido.

Un sector que requiere de más ayuda es el deporte pues como dicen sus dirigentes Melvin Vizcaíno y Onéximo Montero es un sector importante para alejar a los jóvenes de las mala acciones.

Solicitan de las autoridades del Ministerio de Deporte que capacite instructores, árbitros y entrenadores. Dijo que tienen cinco canchas y un play, por lo que tienen los espacios, pero les hace falta apoyo.

Para los líderes de la Nueva Barquita seis años de convivencia han dado buenos y malos resultados, gente que se han adaptado a la nueva vida y otros que no, que no entienden la convivencia en edificios, pero que se trabaja para que se siga mejorando la relación entre los habitantes del lugar.

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