La ingeniera Francina Hungría, presidenta de la Fundación Francina, reconoce que los estigmas hacia las personas con discapacidad son “muy marcados” y que, en su caso particular, cuando llega a un lugar, “la gente primero ve el bastón y es algo con lo que he tenido que aprender a vivir”.

Hungría se ha habituado a responder preguntas que para otras personas son tan cotidianas como si es cierto que se viste sola o cómo usa el celular con la pantalla apagada.

Admite que incomoda cuando la gente invade el espacio sin consultar a la persona con discapacidad si está bien que la toque o ayude.

“No se respeta el espacio personal. Es como si tuvieras derechos con una persona con discapacidad que no lo tienes con una persona sin discapacidad. Las personas se atreven a tocarte o agarrarte por la cintura”, comentó.

“Hay barreras en las familias, hay barreras en los espacios laborales y hay barreras en las propias personas con discapacidad porque hay autodiscriminación” Francina Hungría Presidenta de la Fundación Francina Hungría

Explicó que el estigma “no solo le pasa a las personas con discapacidad, es una sociedad que le pone etiquetas a todo. Si este estigma se convierte en vulneración de derechos, entonces, ahí si hay problemas”.

Su consultor estratégico, José Beltrán, narró cómo en una ocasión preguntó en una entidad bancaria por los requisitos para abrir una cuenta de ahorro y la respuesta que recibió fue: “Para qué usted quiere una cuenta si ni siquiera trabaja”, asumiendo esa postura automáticamente solo por ser no vidente.

Gastos en salud

Beltrán, explicó que el sistema de salud va en dos vías: repuesta inmediata ante la ocurrencia de un accidente y salud preventiva, generando a la vez, un impacto directo e indirecto sobre las personas.

“Cuando la discapacidad es adquirida, lo único que se puede demandar es mayor nivel de respuesta para, con una perspectiva integradora, brindar asistencia para la silla de ruedas, la prótesis cuando es necesaria, y al mismo tiempo, la rehabilitación y reinserción socioeconómica”, dijo.

Ambos coincidieron en que el incremento de gastos que viene con una discapacidad es alto cuando solo una silla de ruedas puede rondar los 150 mil pesos.

Beltrán recordó que una de las grandes causas de accidentes y siniestros viales en el país es el tema que tenemos una conducta violenta, como ciudad y como ciudadanos y que estos accidentes son los principales productores de personas con discapacidad.

“De cada tres homicidios que hay, dos son por no saber convivir, no saber tolerar, por agresión. Entonces, así mismo pasa en las calles, conducimos con mucha violencia vial”, insistió.

De acuerdo a los datos compartidos por Beltrán, tres pesos de cada 100 pesos en inversión publica se destinan a cubrir daños causados por accidentes viales, ascendiendo a 60 mil millones al año.

“Si no invertimos en salud mental para el tema preventivo y salud de respuesta rápida para la reiniciación socieconómica y readecuación para el modo de vida, entonces, no estamos en nada”, argumentó Beltrán.

Más autonomía para los jóvenes

Otro enfoque tratado por Francina y José fue el temor de los padres a dejar que sus hijos con alguna discapacidad sean más autónomos.

“Los padres se preocupan y preguntan cómo hago para permitir que mi hijo salga a la calle, se me va a morir cruzando la calle y es difícil decirles que no hay un riesgo”, comentó Hungría.

La ingeniera aseguró que “hay tanto talento en nuestros jóvenes, sobre todo cuando acceden a las herramientas de autonomía en términos de habilidades técnicas, habilidades blandas que les estamos brindando en nuestros programas, que ellos mismos han dicho: deben de trabajar con nuestros padres porque, si no, por más técnicas de orientación y movilidad que aprendamos, por más preparados que estemos con el computador y los lectores de pantalla, vamos a tener el problema del confinamiento, de que existe ese miedo”.

Entre esas técnicas que los jóvenes adquieren mediante la Fundación Francina se encuentran habilidades de comunicación escrita, comunicación oral y relacionamiento con las demás personas.

“La mejor forma de entender cómo se sienten las personas con discapacidad fue precisamente lo que vivimos en pandemia, ese miedo a salir a las calles, a que si sales te vas a morir, la incertidumbre de lo que puede pasar, eso es algo que viven las personas con discapacidad todo el tiempo y es algo que muchos países, incluyendo países de la región, han ido superando mediante la aplicación de leyes”, indicó Hungría.

En la Fundación, además, se encargan de tender ese puente entre el bachillerato y la universidad gracias a acuerdos con nueve universidades, donde actualmente veinte jóvenes están estudiando derecho, comunicación corporativa, administración hotelera, psicología, entre otras carreras, en recintos como Santo Domingo, La Vega y Santiago.

“Cuando se les da una oportunidad a nuestros jóvenes, con la seguridad y la fuerza que han desarrollado por la afinación por la discapacidad, el día de mañana, que se cuiden los demás porque vienen fuertes”, agregó Francina con una gran sonrisa en su rostro.

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