Leo Melo tuvo una trágica experiencia hace unos seis años, cuando su hermana, en labor de parto, tuvo una hemorragia. Los médicos le dijeron que debían transfundirla con urgencia, pero la sangre no apareció y la mujer, de 33 años, falleció. Hace menos de dos meses, Melo volvió a tener la necesidad de buscar sangre, esta vez para salvar a su padre. La consiguió, pero exclama con dolor que se trata del “peor proceso que puede vivir una persona”.

Como él, son varios los testimonios sobre la impotencia y desesperación que se siente y lo difícil de conseguir sangre en un país donde muy pocos donan de forma voluntaria y donde, pese a lo costoso del servicio, no se ofrece cobertura suficiente de seguro para asistir esas emergencias.

Con unos 120 bancos de sangre públicos y privados a nivel nacional, conseguir una unidad conlleva un gasto de entre RD$2,500 y RD$7,000 pesos para los dominicanos, y solo el estatal Servicio Nacional de Salud (Senasa) ofrece cobertura a sus afiliados.

Gabriela Segura, que tuvo a su padre en intensivos e intubado por una infección de COVID-19, cuenta que salió desesperada en busca de sangre, en momentos en que su progenitor, con plaquetas en 3.5, parecía que no se recuperaría.

Fue una tarde tormentosa en la que ella y los familiares se movían de un sitio a otro para conseguir lo pedido, mientras escuchaban las llamadas insistentes de los médicos apurándoles para que les llevaran la sangre.

“Fuimos a la Cruz Roja, y nos dijeron que teníamos que pagar RD$2,500 por cada pinta, (necesitaban dos), pero además teníamos que llevar un donante”. Aunque llamaron a varios amigos y familiares, pocos podían salir con la premura que la situación demandaba así, que la joven decidió ir a comprar el vital líquido a bancos privados.

“Estábamos muy apurados y entonces decidimos ir a otros bancos de sangre, pero donde íbamos solo había una pinta y debíamos tener que acudir a otro. Cuando volvíamos al primero que tenía una, esa ya no estaba. Yo estaba muy nerviosa y preocupada… es un proceso muy difícil”.

La joven narra que terminó comprando en un banco privado, donde debió pagar RD$6,000 por cada una. El monto equivale a una quincena del salario que recibe. El lugar no aceptaba seguro, aunque tampoco su aseguradora le cubre ese servicio.

Como Gabriela, cada año en el país se demandan más de 300,000 unidades de sangre, según los cálculos del Hemocentro Nacional, que estima un déficit de unas 235 mil unidades.

Senasa ofrece cobertura a un promedio de 580 procedimientos relativos a transfusión sanguínea cada mes. Solo en 2020 cubrieron 6,972 procesos, de los que 4,069 fueron autorizaciones para hemoterapia. También hubo 2,375 autorizaciones en hospitalización, 229 en cirugías y 299 en atenciones de alto costo.

Conseguir donantes

En abril pasado, el padre de Leo Melo estuvo ingresado durante 15 días por un cuadro de anemia aguda que le llevó el conteo de plaquetas y glóbulos rojos. Transfundirlo era la única opción de sobrevivencia. En esas dos semanas, al hombre le aplicaban una unidad de sangre cada dos días, las que la clínica prestaba con el compromiso de que le llevaran el donante.

Por tres ocasiones Melo tuvo que salir a buscar donantes, además de estar pendiente de la evolución de su padre. “Buscaba hasta tres donantes cada vez, porque muchos eran incompatibles. Tuve que buscar muchos donantes, así que usé a los amigos, las redes, a la Defensa Civil para que me publicaran la urgencia”.

La movida dio resultado, pues hasta la clínica llegaron muchas personas conocidas y desconocidas y, aunque muchos llamaron con fines de cobrar dinero a cambio de la sangre que aportarían, la mayoría lo hizo de forma gratuita.

Mientras corría la voz, sin embargo, sus sentimientos eran de impotencia. “Uno no sabe qué hacer, es un proceso muy lento y arcaico, tú ves la gente junto contigo llena de impotencia, eso da pena. Es un tema que las autoridades deben ponerle más asunto”.

Al padre de Melo lo transfundieron en seis ocasiones y ahora sigue un tratamiento en su vivienda que le ha ayudado a la recuperación.

6,550 donadores para Roxanna

Un caso más sonoro en los medios de comunicación, fue el de la procuradora adjunta Roxanna Reyes, para quien su hermana, Melissa Reyes, tuvo que salir a buscar donadores con urgencia. El médico le había dado un ultimátum: “Si no le pongo sangre antes de las 3:00 de tarde, ella se muere”.

Melissa se dice una persona de visión, así que no perdió tiempo. Pensó en buscar los donantes necesarios para llevarlos a la Cruz Roja Dominicana y conseguir la sangre que demandaba la magistrada que, para peor, pertenece a uno de los grupos sanguíneos más difícil, el AB negativo.

Reyes recuerda que acudió a las redes sociales, en los centros de acogida, cárceles, y como su hermana ha tenido incidencia por su labor en el Ministerio Público, muchos se ofrecieron a ayudar.

Para rebasar el cuadro de gravedad, la paciente requirió 32 unidades de sangre, pero para reunirla, la hermana debió recurrir a unos 6,550 voluntarios. Eso, por lo complicado de que un donante califique para la extracción.

“Tú tienes que llevar quince gente para sacar una pinta”, comenta Melissa, que se queja del negocio que a su juicio se genera en el país con la sangre. No entiende que los donantes sean voluntarios y que al paciente le cueste tanto. “Cuando llegamos a la clínica con los tres primeros voluntarios, mi madre tuvo que pagar 21,000 pesos, más RD$1,500 por el cruce de la sangre”.

También se queja de las dificultades que tuvo para donar unas ocho unidades que le restaron del proceso, debido a las exigencias de algunos centros públicos de salud.

“No es solamente que es un proceso difícil y caro, sino que lo puede donar. Y yo me pregunto ¿cómo se hacen los pobres?”.

La dificultad de conseguir sangre de urgencia en el país ha dado pie a una estructura mafiosa que se articula para traficarla de forma ilegal, cuyo esquema de operación se detalla en la investigación de Diario Libre publicada bajo el título “Venden sangre hasta en un colmado”. Tras la publicación, el Ministerio de Salud Pública informó que se iniciaría una investigación al respecto.

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