Este 2020 no parece que ofrezca motivos para alegrarse y sonreír, pero si no los encontramos tendremos que buscarlos mejor o incluso “fabricarlos”, porque la sonrisa es un buen “tónico natural” para levantar el ánimo y afrontar con una buena actitud escenarios complejos como el que vivimos.

Este ‘año de la pandemia’ nos plantea situaciones de incertidumbre que generan estrés y emociones complicadas de gestionar y nos está poniendo a prueba a todos y en todos los sentidos. Unas ‘dosis diarias’ de sonrisas nos ayudarán a estar en mejores condiciones para salir airosos de esa prueba.

Los beneficios de la sonrisa para el bienestar son numerosos, tanto para el que sonríe como para el que recibe la sonrisa, según el doctor José Antonio López Moreno, neuropsicólogo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en España. “Diversos estudios científicos han demostrado que la sonrisa, tanto si es voluntaria como forzada, produce una actividad cerebral que desencadena fisiológicamente emociones felices, y han concluido que las personas felices viven más tiempo y disfrutan de una mejor salud”, según este experto.

“Aunque la sonrisa no va acompañada con sonido, mientras que sí lo hace la risa, ambas expresiones van acompañadas de movimientos musculares de nuestra cara y las áreas cerebrales implicadas son las mismas”, señala este neuropsicólogo.

“Ahora bien, como en la risa además hay sonido, se suman las áreas cerebrales implicadas en la producción de sonidos. Y, a nivel más sutil, nos referimos a la química del cerebro, la risa tenderá a producir más cambios en la neurotransmisión cerebral que la sonrisa”, apunta.

Explica López que “la risa tiende a ser un poco más “explosiva” y lleva concentrada más actividad neuronal que la sonrisa. A nivel psicológico la risa tiene una penetración mayor sobre el interlocutor. Es conocido que una risa bien audible suele atraer la atención y tiende a generar más empatía”.

Consultado sobre la afirmación de que “si sonreímos, la vida nos sonreirá” López responde: “lo que podríamos afirmar es que, si sonreímos, la probabilidad de que otros nos van a sonreír más es mayor. Busquemos momentos que propicien el hecho de sonreír, compartir una cerveza con alguien a quien queremos, charlar y recordar momentos divertidos. Son pequeños gestos que marcan una diferencia puntual pero que, a la larga, suman”, apunta.

“Nuestra actividad cerebral y emocional es fruto de la interacción con nuestro cuerpo. Si efectuamos una actividad delante del ordenador, de un piano o, por ejemplo, planchar, y nos ponemos un bolígrafo o lápiz entre los dientes, con la boca bien abierta y lo mantenemos durante cinco minutos, podremos notar los cambios psicofisiológicos que lo acompañan” señala. Este ejercicio incluso puede funcionar como un “truco” para cambiar nuestro estado del ánimo, según este experto.

Explica que esto ocurre porque nuestra boca, ampliamente abierta, está enviando señales al cerebro que imitan la sonrisa y nuestro cerebro responde en consecuencia. “Por lo tanto, manipulando nuestra sonrisa, sea desde nuestro interior, o seleccionando actividades que nos hagan reír, vamos a cuidar nuestra salud física y mental”, enfatiza López.

“Una de las claves que tenemos para detectar el estado de humor de otra persona es el gesto de su boca y esto es importante porque va a determinar el tipo de interacción. Nos atrae más estar con una persona que sonríe que con otra que no lo hace, y además tendemos a estar más tiempo con esa persona”, recalca.

Para López, la sonrisa “es uno de los principales “gatillos” para generar una aproximación al otro y, por decirlo así, bajar nuestras defensas ante personas desconocidas”. “Si conocemos a la persona que nos sonríe, su sonrisa nos hace sentir bien y tiene un efecto relajante”, añade. “Pero es importante que quien recibe la sonrisa sienta que es una sonrisa sincera y que está dentro de un contexto”, explica. “Recibir una sonrisa cuando, por ejemplo, se está expresando una emoción dolorosa o recibir una sonrisa irónica, es muy frustrante para quien la recibe. En este caso la sonrisa tiene un efecto negativo porque es una muestra de falta de empatía”, puntualiza.

“No buscamos cambiar todo de golpe, solamente un pequeño cambio que nos permita dirigir nuestra atención y emociones a una parte más favorable para nosotros y, a partir de ahí, empezar a construir o redirigir nuestro estado emocional”, concluye el científico.

Texto: María Jesús Ribas

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