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La sicóloga y terapeuta familiar, y presidenta del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas, (Pacam) Soraya Lara, calificó de degradantes algunas composiciones musicales que se están promoviendo en medios audiovisuales y plataformas de las redes sociales, las que a su juicio, entre otros aspectos incitan a la depravación o al consumo del sexo.

Así reaccionó la profesional de la conducta cuando se le pidió una valoración de la incidencia que tiene el contenido musical en la conducta de quien lo escucha.

“Solo he escuchado algunas producciones para mantenerme al tanto de lo que ocurre en nuestra sociedad. Estamos enfrentando una realidad degradante a través de composiciones musicales de mala calidad, con expresiones encaminadas al deterioro moral, a la disminución de un espíritu crítico, al consumo masivo de palabras o ideas en las que no se requiere pensar ni regular las emociones. Más bien, incitan a la depravación, a consumir sexo y alcohol sin que medien la razón y el intelecto, lo que bloquea el juicio crítico”, alegó Soraya Lara.

Para darle más fuerza a su planteamiento, la presidenta del Pacam citó a Castro y a Morales (2013) quienes se refieren al tema de la música con contenidos que no aportan al desarrollo humano: “La música y sus mensajes agresivos, provocativos y en algunas ocasiones hasta obscenos o satánicos, provocan que las personas menores de edad los empleen como un medio natural de comunicación, el cual imitan y ponen en práctica permanentemente en su cotidianidad”.

Dijo que de la misma manera que la música barroca y otras composiciones musicales han sido consideradas buenas para el aprendizaje, otras para la relajación y la meditación. “Por los efectos que producen, que son tan generosas que pueden traer incluso cambios en el funcionamiento cerebral, pensemos en el sentido contrario, cuando las composiciones no persiguen ese fin, sino más bien distorsionar la realidad, intoxicar el pensamiento y el sistema de creencias, entonces los efectos son desalentadores”.

Argumentó que la música puede activar frecuencias Alfa, Beta, Theta o Delta, que pueden generar conductas específicas de relajación, estimular la atención, concentración y la memoria. “El cerebro se adapta y fluctúa dependiendo de lo que escuchemos para favorecer nuestra convivencia humana y mejorar la calidad de vida, así como mantener nuestro cerebro funcionando adecuadamente. Imagínese si a determinados tipos de música se les suman contenidos que estimulen a comportamientos agresivos, de traición y venganza, de sufrimientos, que inviten a diferentes tipos de consumos de sustancias psi coactivas, ¿qué se puede esperar?”, se pregunta.

Los contenidos de la música pueden ser dirigidos a estimular el comportamiento violento, al consumo, a conductas inaceptables social y moralmente.

“Respecto a los contenidos de categoría violenta, nos encontramos frente a una realidad abrumadora y desperanzadora. ¿Por qué? Se normaliza y se justifica la violencia, provoca desensibilización e induce a comportamientos temerarios. Todos estos escenarios alteran la cognición de los menores, los jóvenes y de las personas adultas expuestas a ellas.

El también terapeuta familiar, el doctor Luis Bergés al referirse a la exposición de menores en la música urbana, así como al contenido que se promueve, consideró que no necesariamente se puede moldear la conducta humana con la influencia musical.

“Hay que tomar en cuenta que la música por sí sola, no se ha demostrado a través de un estudio que establezca que por el hecho de ser música ya va a tener un impacto negativo en la conducta”, indicó.

Sin embargo, reconoció que el problema radica en que una sociedad está compuesta por gente con diferentes tendencias. “Gente depresiva, violenta, suicida… eso es lo que nosotros llamamos poblaciones vulnerables por razones de salud mental patológica que están ahí y no han sido tratados. Ahora cuando tú le metes una música que tiene detonantes, que incitan a la violencia a una persona que ya tiene esa predisposición, ahí sí se ha demostrado que hay una correlación bastante alta, si son mensajes que invitan a la desesperanza, pues evidentemente eso sí se relaciona”, aseguró.

Bergés también dijo que personas con tendencias a la pedofilias cuando ven que se utilizan a menores de edad en determinadas promociones musicales, se exacerba la posibilidad. “Esas personas reciben un permiso social cuando los mensajes vienen dentro del concepto musical. Así que todo lo que es canciones o mensajes de difusión masiva tienen valor en cuanto a la psiquis del ser humano. Recuerda que si el ser humano se criara en selva y no tuviera relación con nadie, ni hablara. El pensamiento se alimenta de las relaciones sociales, de los mensajes que reciben”, reseñó.

Retos de la autoridad

Soraya Lara consideró que las autoridades estatales están compelidos a veelar por la salud mental de los ciudadanos, así como a estimular a un comportamiento cívico y moral que permita una convivencia de respeto y tolerancia.

“Creo que es un deber sensibilizar y concienciar a los artistas sobre el efecto que tiene este tipo de producción que incita a la violencia. Hay que darles a conocer el hecho de que sus composiciones se han constituido en un medio de socialización, que la música escuchada repetidamente tiene un efecto real sobre la forma de pensar, de actuar y sentir. Se crean distorsiones cognitivas que impactan desfavorablemente en la salud mental, en las relaciones interpersonales y en la solución de conflictos. La música opera como estrategia de lavado de cerebro, cuya aceptación social y política incide en la cognición y en el funcionamiento cotidiano. ¡Clave! Introducir en el sistema escolar la educación musical. Se educa a través de programas culturales sólidos.

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